viernes, 3 de octubre de 2008

Quema nardos.



Intensa, verde. Absoluta destreza para lograr las interminables vueltas de prolongadas llamas ¡Quien bien quema nardos…!

Vivos los árboles, celestes las cúpulas rayadas de luciérnagas lombrices de tierra fértil, y el olor de rosa y ámbar oculto en el orín naranja de gatos en celo.

Preferís la vista de los caballos en coito, y el bufo de la yegua rasgada te infla el pecho de inquieto calor; el olor a sudor equino, a semen que desborda.

Relinchan de risas las hembras que en mi lectura mueven las aletitas de sus narices voladoras…inhalan cortito y profundo, apenas enderezando la espalda…alivianan el cuello a la vez que contraen un músculo cercano a la altura de mis dedos que…Ahora los párpados a media luz. Diez pelos perfumados electrifican el cuello, piel de coco y almendras. Los pechos calientes. Entra aire por la boca y cincuenta y cinco partículas de sus lenguas calculan el filo de sus incisivos. Calcio en el aliento, en la garganta tibia, en el vientre indio encendido.

Salivan las carretillas dulces...Solo, son, palabras.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Gnossiennes No 1

Una espiral en mi cuerpo. Una tormenta eléctrica en mi cabeza. Una tristeza aguda como los sueños ajenos cuando aprisionan nuestra imaginación. Estúpido por los carteles, intoxicado de elecciones correctas, mi instinto va en contra de la mitad del mundo.

Llega una mano con olor de paz. Se inquieta el espíritu con la proximidad de sus ojos. La intimidad interior, la piedra que amarga en mi estómago, levita, pierde el peso mortal. Se desvanece el agujero negro que como un péndulo atado a un hueso astillado en mi cerebro anunciaba la locura y la muerte.

En palabras angustiadas por mi incomprensión relata sus sueños que son míos; los vivo; y el viento de mi espíritu es liberado como las lágrimas de mi corazón.

Mas tarde las angustias terrenas y el pasado como capa mojada, muy atada a la garganta, descalibran la seguridad de los sentimientos. Brota pus encapsulado por años en duras cicatrices hinchadas, secas, ásperas, duras, vivas como filo de espectros.

Su emoción repentina, infantil, me asusta. El sentimiento artístico de sus lágrimas saladas, tibias y rosadas. No tiembla mi pecho sino mi conciencia.

Como un psicótico de lo más cuerdo, insensible, escuche sus palabras pero en verdad solo preste atención a sus ojos: tiene el brillo blanco de la salud, de la pronta y feliz maternidad, un tono y medio mas bajo que el de la indiferencia manipuladora. En ese punto de luz, idéntico al reflejo de mi iris, es cuando nuestra piel es una y se huele la torre de leche y miel.

Las revoluciones irracionales pierden gravedad y la suavidad del viento interior modifica el pulso muscular. Se intuye la llegada de un nuevo hogar, y el trabajo de alcanzarlo mejor no pensarlo sino lograrlo. Por ella, por mí que ya somos tres.

El magenta salmón de sus labios suaviza mis necesidades. Las manos sobre la cabeza, el pecho bajo sus pestañas. Las alas crecen lenta y débilmente pero con la precisión quirúrgica que se requiere para edificar la vida que uno debe a su deseo, desea a su deber.

Los miembros mutilados son felices de ser lagartijas.

Blanca, ámbar, leche, miel, rosas blancas llueven con lluvia sobre vestidos de jazmines. Una grandeza sinfónica en los pasos sobre el agua. Montañas nevadas, el sol pestañando entre nubes rosas y grises. La sangre exige la fuerza de los ancestros para la revolución…en el cielo el viaje hacia el mar…todo está por ser.

lunes, 22 de septiembre de 2008

el nuevo orden de las cosas






Los dioses dominan el tiempo y el espacio, yo quiero ser un dios, eso es la cresta de la ola darwiniana. ¡Viva el Arte, viva el Sur arriba!
Para que se acostumbren.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Artecarne-Carnearte


Un día dije: Quiero ser un artísta de vanguardia. Ahorré dinero y me compré un equipo de nanotecnología que me permitía experimentar sobre mi propio cuerpo.


Pensé en construir una pequeña ciudad, entonces puse manos a la obra. Lo primero que hice fue construir una lupa de unos veinte y cinco kilogramos. Tan pequeña sería la metrópolis de mi inspiración que las agujas con las que empecé mi labor resultaron pesadas y grotescas. El microcosmos era mi dominio, y tenia hartas ganas de detalles. Solo podia buscar la perfección.


Comencé por levantar las columnas del palacio principal, justo al centro de mi metrópolis circular. Para ello extraje de mi propio cuerpo el zinc y el potasio, y con las partículas apiladas edifiqué un bello templo, algo así como el Taj Mahal de Venus o Neptuno.


Quise dedicarle parte de mi pequeña y magnífica obra a un viejo amor, entonces sobre la cúpula principal del palacio central, con todo el calcio que pude extraer de mis huesos, edifiqué la mas espléndida torre de marfil, la que adorné con rubíes que en verdad eran glóbulos rojos.


La arquitectura de la fuente pública parecía del siglo XXX. Para ello utilicé casi todo el hierro y el magnesio que pude extraerme.


A los pocos días comencé a sentirme terriblemente enfermo. Frente al espejo contemplaba la extinción de la llama inquieta en mi iris creativo. Con los ojos opacos, la piel transparente y los dientes que se me caían, llegó un hastío insoportable. Hedía mi piel a azufre quemado. Noche tras noche las pesadillas de intolerable locura y violencia me arrebataban las pocas energías que aún tenía.


Si terminaba esa magnífica obra que había comenzado semanas atrás, de seguro moriría. Y si no lo hacía también. El sustento de la maquinaria de mi vida satisfacía una estética ridícula y ostentosa y con ella se derrumbaba mi cuerpo.


Una mañana salté sobre mi obra y la devoré con mis encías sucias y los pedazos de dientes que aún me quedaban. Comí desesperado, intentando devolver la pasta que antes fue salud a mi cuerpo.


Luego lloré por destruir mi tan magnífica y sacrílega obra. Lloré porque ella me destruía y solo alimentaba mi vanidad y los deseos de ser inmortal (fantasía judeo-cristiana-egipto-musulmana). Lloré cuando supe que en el momento en que modelé la primer mastaba y pegué el primer microladrillo; todo lo que hacía era destruir la obra que en verdad era mi cuerpo y su salud. Más aún lloré cuando entendí la simetría infinita entre mi egoísmo vanidoso y la sociedad orgullosa de ser caníbal, en la que vivo aún.


Cuando el dolor de espíritu pasó, la temperatura global había aumentado seis grados centígrados. No había trigo, ni papas, ni maíz, ni tomates y muchos animales desaparecían, lo mismo que las grandes ciudades.


"La tierra está haciendo como yo" pensé. "Se está devorando su obra para recuperar su salud. Otra ves está sepultando el hierro y el oro y el cobre y el petróleo."


Era de noche y el vapor agrio de mar nos sofocaba. En la calle unos pacifistas comían piedras. Los vegetarianos desesperaban; entre ellos ví una muchacha de mi edad que se alejaba del grupo, saqué el cuchillo y preparé los dientes "¡A ésta me la como yo!" dije para mis adentros. Y así he vivido los últimos meses; comiéndome a cuanto niño, adulto, animal o demonio pase por mi territorio. Hay quienes cazan en familia, a mí me gusta hacerlo solo como un tigre o un lobo oscuro.


Según Darwin; mis tataranietos tendrán una mandíbula mas poderosa y dientes y uñas mas duros y filosos. Tal ves vean mejor en la oscuridad. No sé. Solo sé que ya no somos humanos, ahora somos caníbales o muertos de hambre. Quizá tuvimos la oportunidad de evolucionar en forma pacífica, como una sociedad culta y conservadora de los principios básicos para el equilibrio de la vida, pero en el fondo todos queríamos ésta orgía sangrienta.


Lo bueno es que ya nadie le echa la culpa a Dios o al Diablo, en éste futuro presente no existe el pecado sino la lucha por la supervivencia. Y el único alimento es nuestro prójimo.






viernes, 23 de mayo de 2008

sin t. IV


Confuso existir, viajar con el viento sin dejar un mismo sitio. Esperar hasta las últimas consecuencias, velar eternamente por aquello inalcanzable, inconcebible.


Alimento vasto el del misterio de la esperanza.


Esa condición de fenix de amatista que como el sol vuelve cada mañana.


Mas todo está unido, todo está separado.


El cielo es el mismo y la luna y el sol jamás se encuentran.

Holograma

Llegó una noche. Como un imán fue barriendo mis sentidos, concentrándolos así en un solo punto.

Proyectó en mi frente, superponiendo, desbordando, inundando mis ojos con millares de daguerrotipos pálidos. Instantáneas fantasmagóricas. Toda una antología de la bellesa de su rostro de aura azul, magenta tu boca, blanca la luz de tus ojos lunáticos.

Ondulaba su cuerpo sobre el mío como una serpiente marina, tan liviana como un dragón mágico.
Por momentos se hacía invisible y solo importaba el tacto de su fina piel olorosa y seca. Otras veces se desvanecía la materia, la carne quedando solo su imagen holográfica. Tan lumínica su presencia, avistamiento de un ángel, y yo con torpes manos buscándola, atravesando algo tan delicado como el humo violáceo de la mariguana. Entonces la llamaba sin saber su nombre y ella se corporificaba nuevamente, sus manos firmes sobre mi pecho. Intensa volvía para otra vez desaparecer. Toda ella vibraba y ronroneaba de pies a cabeza. Me lamía el pecho y se saboreaba profundamente después de besarme o chuparme.

¡Cuánta alegría en la fuerza de esos abrazos!

Todo cuanto insinuaran sus cuerdas vocales destinaba a mis oídos. No dejábamos de reír y transpirar.

La luna y su piel tenían el mismo sabor.

La atmósfera nos hinchaba.

De cuando en cuando una gota de sudor caía de su frente a mi boca, sabor a lágrimas, lágrimas raras. Su cabello negro, fino y suave como hilos de agua perfumaba todo y nuestra cama deshecha se embellecía constantemente con las luces tenues y sus formas de sombras de color bordó.

Comenzó toda ella a hacerse líquida, dorada como aguamiel. Sus caderas como una boca hambrienta se aferraban a mí. Su corazón idéntico al sol, su cuerpo transparente ¡la carne es alma!

Me besó con los ojos, con la risa, con las manos, con la nariz y desapareció por completo en la penumbra.

A oscuras, aún retorciendome del cosquilleo y la alegría extraña, acariciándome el esternón dorado, contemplando mi cuerpo allá en la cama desde lo alto del techo. Cayó una gota de las incompresibles alturas sobre la cama en medio de la habitación que onduló toda como si fuera un lago que en su movimiento contiene la presión de una roca que a el fue lanzada.

Tan tranquilas las aguas.

Ella, dejo su olor impregnado en todas las paredes, en mi ropa y en mi piel, hasta mi aliento era el de ella; ese olor que pocas mujeres tienen como a bergamota lunar y jazmín.

Ella jamás existió.

Caminaron ambos...


partieron

al fin

sin decir adios...

¡Astros que marcáis las distancias!

Desierto gris...

Batalla infinita...

Seis lobos en el monte Azur.

Magdalena


Cordero...

te desesperas,

muerdes,

tiemblas.

Sudas entre lamidas...

Agoniza la maquinaria de tu vida

hay,

los espesos fluidos...

Ah!...te alivian

con

su calor.

Olor a sal,

sangre,

piel,

acidés antropofílica...

concha y semen.

Faena interminable

la de aparearce sobre un charco

durante la carnicería.

Las jaurías enloquecen...

¡Luz, luna, pira, iris licántropo!

Cordero...

¿Ya no resistes la demencia del unicornio caníbal?

Magenta

Gris

¡Hembra lunática!

Son exquisitas las entregas

de tus hediondas caderas

que queman,

arden,

así como el opio intenso

impreso en besos

de tu boca agonizante

¡Oh puta Magdalena!

sin t. III




Me vibra el esternón,




se desprende




brilla




y una armadura encendida,




luminosa,




me viste.




Tengo un nombre,




aquel que solo conoce el espíritu,




tallado en la frente




y me perfuma.



Recoge una semilla


Aquella que bajo su dura piel de marfil



esconde el secreto de los textos.

Párrafos, mensajes perdidos

sin tiempo que los guarde

que solo entendido en sueños.

Simbolo impronunsiable,

que identifico en la imagen de ella

y el suelo

y la semilla.

Ella recoge una perla,

brillante como el sol entre mis dedos

luz, como su pecho oloroso,

sedoso

y el calor de sus muslos.

Simbolo

apareces con el viento

atraves del recuerdo

dentro del cerebro

que puede ser ageno si no hay identidad

o independencia de pensamiento.

Ella recoge la semilla de mi esperanza

venus en la mañana eterna

y el mar

que alguna ves fue cielo.

Dragones



Los caballeros pelearon a sin ejércitos, muertos sus corceles de hambre y sed. Se perseguían mutuamente con sus espadas rotas y sus armaduras deshechas. Se alimentaron de la carne podrida de sus caballos, bebieron de la negra sangre y solo escorpiones y cobras al fin fueron u único recurso. Jamás flaqueó alguno de los dos, la lucha era por el vencedor, por la muerte del enemigo. A su alrededor las arenas tornaron rojas, maléficas, y la muralla de tierra abría un claro cilíndrico donde ambos dragones se reconocían ante los dioses como enemigos eternos. Y un chacal bípedo, alto como un camello, su voz que eran sus pensamientos; como el trueno o el terremoto, sus ojos como rubíes, su aliento como fosa común. De pie ante los caballeros rojos dibujó en el aire una serpiente y una rosa: "Al vencedor le entregaré una roca blanca con un nombre que solo el verdadero dueño reconoce. Será dulce el conocimiento en su boca mas amargo en el vientre. Os concederé dominio sobre todas las bestias y ningún veneno podrá matarlos, aún las espadas no dañaran, será la inmortalidad mi regalo absoluto."


Pelearon sin descanso ni tregua durante tres lunas nuevas, mas ninguno parecía rendirse. Las condiciones de lucha eran parejas, las fuerzas inagotables. Bajo sus pies sus huellas negras cristalizaban la arena. Sus fuerzas en lugar de disminuir aumentaban. El hambre y la sed los hacía mas irritables y despiadados. Cuanto más vacías sus panzas mas agudos sus sentidos, mas duros sus nervios, mas ágiles sus cuerpos. Cuan perfectos legaron a ser.


Atrapados en un cubo tormentoso, sin sentare un solo minuto a descansar, con dientes y uñas se enredaron desnudos, sin un solo trapo sano, por seis meses más.


Tan fuertes se hacían con cada instante de firmeza que sus heridas cicatrizaban en pocos minutos y el sudor en sus cuerpos se tornaba lluvia que lavaba y purificaba sus cuerpos.


Tanto recorrieron el campo de batalla que una capa negra de cristal pulido y resistente como granito se formó del calor de sus cuerpos y millones de gotas de sangre y sudor santo.
Mil docientos veinte años pasaron de su último encuentro n el norte de África durante la silenciosa y mortal tormenta que durara tres años. Revivieron el eterno retorno el de los recuerdos y las guerras del espíritu. Espíritus como los escorpiones que son dueños de la tierra.
Hoy, ocultos en el pellejo de venerables ancianos, en medio de una ciudad calurosa, tecnólatra y sucia, sus ojos de seres mitológicos se encontraron en una batalla sin fin; sustento eterno de sus condiciones físicas.Cada mínima tregua resultaba en el peligroso deterioro de sus cuerpos.
Uno lucía un costoso traje inglés, camisa de seda, corbata púrpura, anillos de oro, el pelo corto blanco, la barba bien arreglada y caro perfume francés. El otro no era mas que un hediondo harapiento; grasosas sus ropas, larga la barba enmarañada, largo el pelo blanco risado, negras las uñas, descalzo y gruesa la piel seca y rajada.


El que tenía apariencia de ministro del Señor rompió el hielo:


- ¿Ya encontró la plataforma natural? La ilustración...


- Y ud ¿alguna ves la vio?- Añadió el otro con tono burlesco - ¿Cómo es su movimiento?


- Chissst!! - Refutó sin ocultar su enfado.- ¡Voy a arrancarte discípulo de filósofo del centro de la casa! - Ahora mostraba una maliciosa sonrisa.- ¿No sabéis llamar a quienes se atreven a entrar al templo?


- Ah!..."Abandonada en la costa está la imagen de tu drama". - Dijo con calma.


- Pero, si ud sueña con vampiros hombre. Ve en la penumbra el fallecimiento de su alma como una célula onírica bombardeada por virus atómicos.- Y soltó una torpe carcajada.


- Tenga cuidado que su ambición se sustenta en mi odio, no vaya a ser que me vuelva cristiano.


- De la evolución de los conceptos, de la emergencia de invocaciones, emergió el tipo de proceso: -Susurró.- "libre albedrío"


Detrás del harapiento, entre los edificios, caían rayos de una inmensa nube gris perla que cabalgaba el cielo diurno. El calor se hacía insoportable. Habló el de buena apariencia:


- Es posible que ud, al no omitir operaciones inútiles, como sus ideales, encuentre un signo duplicado de "esos" fundamentos. - Al decir "esos"; señaló el cielo. - De la importancia suprema, - Inspiró profundamente. - la espera a caracterizado, mediante una concentrada fuerza, como el mar que vuelve en forma de ríos...


- ¡Cállese hombre!


- Ah!...conclusión sorprendente, violenta, típica de un ser corrompido, pobre. Durante mil años a sido incapaz de sustentar sus miserias. Aborrece el don que le han entregado.


- Pero si ud busca el resurgimiento de las espinas de oro.¡Já, ja, já! Está esperan que baje Cristo en una nave del cielo para que le entregue un premio sagrado. No se olvide de sus promesas - Con la mano dibujó una serpiente en el aire. - pues fue un perro y no un ángel quien le otorgó el poder.- Le dio la espalda y continuó buscando cartones y botellas, revolviendo la basura, chiflando a sus perros, conteniendo su furia. El inmortal con apariencia de rico gritó entre bocinasos:


- ¡Venga con migo que le daré ropas limpias, comida y algo de dinero!


El linyera volteó rápidamente en clara pose de ataque o defensa y rugió:


- ¡Mejor guarde sus atenciones para cuando encuentre sus principios! Pues, en primer lugar, las distinciones en nada cambiarán mi destino; por otro lado constituyen un valiosícinmo estado de mi ansiedad, muy contrario a mi voluntad. - Otra vez le dio la espalda y pateó a los perros que ladraban con furia al tan bien vestido y perfumado guerrero. De un barsucho salía una música, una "balada para un loco".


Se alejaron en direcciones opuestas; era imposible dar batalla en ciudad tan poblada.


En la calurosa Buenos Aires cayó una tormenta eléctrica seguido de un aguacero que duró catorce días y sus noches. La furia contenida en cuerpos milenarios repercutió en la naturaleza misma. Todos sufrieron aquel suave encuentro.

Siamesas


Recuerdo cuando Martha menstruaba. Toda la casa se impregnaba de un olor a flores podridas. Y ella siempre se exitaba con sus charcos negruscos y pegajosos como petroleo caliente y cobrizo.


En estos días, invitaba a sus hijos a tocarla y cogerla. En esas didacticas tardes ella gustaba simular que dormía y un montón de ángeles la violaban. Tan flaca era que parecía un viejo cadaver, su olor genital así lo afirmaba. Esas semanas no solo quienes vivíamos con Martha sino todos cuantos entraban a la casa cargaban con el olor del celo de ella. Nadie podía escapar a sus grotescos y certeros encantos sexuales. La gente era adicta a la miseria genital de Martha. Apenas si podíamos vivir sin la cuota diaria.

Una vez Andrez, el lechero, coitó en serio estado de ebriedad; y los edores amorosos no tardaron en revolverle la panza y vomitó justo entre las piernas de ella. Dicen que se atoró con un grueso y pegajoso pelo. El acontecimiento a Martha le encantó; el calor y la acidez en su estirado y arrugado y morado clítoris, le hizo mover por primera vez el gran ojo dientudo que escondía en su peluda y enmarañada nuca. Ese día para celebrar comieron grasa y yeso y bebieron alquitrán con pintura enmohesida.


A todos les creció durante la noche una burbuja ardiente y rancia en el paladar. Comenzaron a morir uno por uno; estallándole la garganta espumosa entre retorcijones psicóticos o parálisis tipo catatónicas. A Mika le salieron tres granos bajo las axilas que al fin gangrenaron y para salvarse optó por comer piedras y cal. Sus dolores intestinales eran aún peor que la falta de espíritu.


La noche sin luna, la única noche en que Martha dormía, decidieron los cinco hermanos sobrevivientes comersela viva. Gozaron con los chillidos agónicos de su miserable madre.

La mañana siguiente tenían una indigesíón que casi les arrastró con su descuartizada y pronto olvidada mamushka.


Mika, despues de unas semanas descubrió que no era mujer como le enseñaron sus padres, sino varon. Decidió irse a vivir a las montañas.

Caminó seis días sin descanzo. Los pies le ardían y la pus empeoraba todo. Perros cimarrones siguieron su rastro de huellas sangrientas y aderezadas. Mika continuó su dieta de rocas de azufre y trozos de alquitrán con revanadas de cemento y nueces verdes y aceitosas.


Los agujeros en su boca enegresida, las encias puntiagudas, deshilachadas, desgarradas, despedían un olor como a cien muertos.

Con la luz del sol comensaron a brotarle hongos blancos y supo que su cuerpo se paralizaría del todo si no encontraba alguna cura. Puas delgadas como de durísima seda de arañas lo transformaban día a día en una rara polilla. Pelos de medio metro, estáticos como estalactítas blancas enmohesidas crecían sin parar. Desesperado se arrancaba trozos de piel y carne en su afan de limpiar su enorme cuerpo. Lloraba de dolor y angustia y su lamento era el de un demonio imperdonable. Comenzó a moverse como quien sufre de epilepsia. Quienes veían a la bestia de lejos se desmallaban del horror; la cabeza le giraba a Mika casi despegandosele de los hombros,y las violentas mano; gigantes que destrozaban piedras y cerros. Sus rugidos hicieron creer aún a los curas que el diablo realmente existía. Para las lejanas aldeas que oían al demonio día y nohe lamentarse con furia morvosa, el único remedio era cazarlo, pues ya había aprendido a alimentarse de chivos y pumas; se comía la cabeza y los intestinos, a veces el corazón y la espina.

La nueva alimentación contrarió la enfermedad del hongo y el bestirse con las sangrientas pieles le alivió en parte tanto ardor de sus llagas.

Despertó de una siesta Mika recordando los abusos carnales de su padre y pensando en los frágiles cuerpecitos de sus hermanitas en las garras de éste gigante obseno tuvo una erección que le arrebetó el espíritu de tristeza; necesitaba conocer hembra que no fueran de su coagulada sangre. La imágen de las violaciones y su instinto lo enrredaron en un llanto silencioso,lleno de un rencor a dios y gritó al sol "¡Juro que te decapitaré Jehova!". Vomitó un lago de lágrimas sangrientas y se arrojó al vacio.

Su cabeza se partió y perdió un cuarto de masa encefálica. Tambien se rompió la mayoría de las costillas y un brazo en almenos tres partes. Cayó sobre afiladas rocas desde una altura de cincuenta metros pero esto no fue suficiente para matarlo.

Durmió un día entero y se arrastró a la orilla del río con la intención de que se lo llevara la corriente. Él no sabia nadar.

Tres días despues las aguas crecieron y llebaron el tronco podrido de Mika. Este despertó masturbandosé con el olor de una vieja yegua en celo. Tan exquisito era este olor, jamás antes conoció otro igual y con increíble euforia saltó entre los matorrales y en su cacería aplastó rocas de granito del tamaño de un elefante.Tomó a la yegua por las ancas y a èsta se le aflojaron las piernas.


El doloroso relincho colmó la pasiencia de los campesinos.

Luego de tres horas de un despliegue descomunal de furza viril, una llubia de valas terminó con Mika.


La yegua enfermó y casi murió en reiteradas ocasiones, solo lo hizo el día en que parió dos hermosas gemelas rubias, siamesas, unidas por una larga trenza en el pelo enmarañado, fino y de agradable olor. Nadie tuvo el valor de matar a tan bellas niñas que ni bien nacieron eran capaz de caminar y de alimentarse como niños de tres años.

Crecieron rapidamente y jamás las sepraron, nadie pudo cortarles el pelo. Gustaban de bañarse en el río y trepar árboles, de comer toda clase de frutas y cazar conejos a los que no podían dejar de comerlos crudos. La imagen de estas formadas adolescentes, siempre semi desnudas (ya que odiaban las ropas y la lengua de los humanos), despertaba una perversión en todos los habitantes de la comarca. No había varon o mujer que no fantaseara con ellas y ellas a todos rechazaban.

Fue el viejo cura que atrayendolas con conejos frescos,aun latiendo sus corazoncitos, tivia la sangre, les tendió una trampa y las violó reiteradas veces a lo largo de un mes. Al pueblo les decía que era importante aislarlas para poder evangelizarlas. Las gemelas si bien carnosas y sensuales, solo tenian trece años.

Una tarde en que el viejo sacerdote caminaba junto con el alcalde y el juez, sus complices, descubrió a las niñas apareandose alegremente con dos sementales. Se horrorizaron con la alegría de éstas y ordenaron el pronto cumplimiento de la ley.

Fueron incinerradas, ambas llenas de semen y el olor de los caballos impregnados en los cuerpos ardientes despertó la violencia carnal de las mujeres: mataron a todos los varones y solo se podía realizar el coito con caballos o perros, hubo quien practicó con toros y quedó fecunda.



jueves, 22 de mayo de 2008

Ninfa



Una oblicua columna de luz que escapa entre espumosas nubes de azalea
sorprende el resplandeciente ambar de tu iris reflector.


Hay, de ese caramelo cabello que acarisia la rosa garganta iluminada, adornada con blancas y azules floresillas, regalo del viento que escuza para así acariciar el pegado lienso a tu sudorosa cilueta mistica inmortal.


¡Gíras! Y en danza te acompañan mariposas que penan el peso de sus alas golpeadas por el rosio que imparten tus manos. Manos queatrapan en desesperados abrazos los fantasmas que quebraron tu exquisio y oloroso esternón.

¡Fuente de Amatista, masageas tan calida sonrrisa con tu aspero fondo! Y sus pies desnudos, te embellesen, gloria de la arquitectura fantàstica.


¡Ella patea el líquido cristal y se espantan los coloridos peces; se alegran las avejas que sobre petalos de lirios beben del fresco manantial! Corre con abierto corazon, desnudo el pecho, al pavo real que la corteja y luego huye a la altura de inmensas raíces de milenarios Palos Borrachos.


¡El sol se alimenta con su sonrrisa de indiscutible alegría!... Y, primero un hombre, luego el leon y el alcón, hasta el mar y las montañas, ninguno en este medio día pudo escapar del perturbador magenta que traspasa el marfil empapado de tan simple vestido que te envuelve.


Aquella firmesa, tu cilueta. Olorosa de piel de ninfa, imposible la tristeza, timbre en la voz que tiembla. El cielo que se nubla, las làgrimas que seden al paso de las memorias intocables.
La pesadumbrez, tu cuerpo, ahora frios los vientos, y la pergola que espera la mansion de tus ojos deshacerce.


¡Perfumada existencia que con exagerada certeza te deslizas en la imaginación de los siempre ausentes!...Ahí delante tu resplandor hipnótico, tu olor oriental desaparecerá...y al verdugo que alza la espada... suenan los truenos, lo besas sin veneno y le susurras clavados los ojos en la yugular, oh virgen del perdón divino :

Negro tu arte oculto,

Negro como el Júpiter, rueda del trueno,

Que atas a una construcción de oda...

Convulsión química,

Que naturalmente,

Después de la ceremonia,

Ante la corte de tu conciencia,

Desmentirás.

Procuraré beber tu sangre y conservarla de la muerte,


me será más dulce que el vino.


Hay tremendo destino que impartes con armas de hombre y ego de dios.








































sin título


Orbes, no titilan ni enmudecen.

Jabalí cruzas los pantanos.

Flores bellas

entre serpientes coloridas hipnotizan al leopardo

que toma al toro por las astas

trepando a su espalda

dominando su peso al de aquel.

Muerde sudores la alegría,

alta como el firmamento

de limpios adornos.

Derramadas las tintas

sobre un rostro enaltecido.

Y la mujer desnuda,

su velo cabello

acariciando mi hombría,

ocultando de mis ojos

sus besos prohibidos.

Su alma me devora

cual aliento

dulce en la mañana que está cerca.

sin título II



Del Ser




la mímica poseen.




Por poseer




al Ser,




el Ser,




de ellos




se proclama destructor.




piensa




Pienso en eso,



patrulla las calles de mis sueños



dictadas por la impecabilidad.



Me hundía


el aceptar esa posición de verdadero abandono, desesperaba.


El no tener compasión



me había guiado diciéndote:



"Normalmente cuando percibimos estamos muertos,


no tienes suficiente energía,



estás intranquila,


por completo ese punto, como nadie te lo van a quitar ¿qué sos?


¿Mi necesidad? ¿Mi voluntad de espíritu?"


Vi tus ojos empapados en sangre,


suspiraste desanimada


he intentaste ocultar tu dolor


¿De qué? ¿De mi sensibilidad perdida?


Quizá nos morimos ahora


y sí comprendí tu explicación.

Luz de Tíbar



Hace tanto tiempo que sucedió esto que solo algunas montañas pueden recordarlo claramente, y fue una de ellas quien me contó esta historia en una de mis visitas casuales a uno de esos raros países que hoy se esconden bajo el mar, por allá muy lejos y austral. Y fue así como una voz indescriptible comenzó a susurrarme la leyenda al oído:



Estaba sentado sobre un gran roble, casi inmóvil, con el cejo fruncido y muy alerta, estudiando los movimientos del cuadro elemental. Con la punta quemada de una fina rama, dibujaba sobre un trozo de cuero sin que se interrumpiera su meditación; él descubrió una masa de combinaciones opuestas confundida durante siglos con la imagen de una oleada magnética. Bajó del árbol con félida destreza y caminó serenamente hacia la cueva que estaba detrás de la cascada gris, costeando la poza de aguas termales, como a ochocientos codos al sur. Una vez adentro, con la cabeza gacha, se arrodilló bajo la mirada de los sátiros petropictos. Luego de una prolongada relajación entonó en lengua común para hombres y bestias, aquella que las plantas obedecen, una especie de canto que inmediatamente se transformó en un ritual lleno de alienados movimientos. El hombre de arcillosa piel rojiza estaba meneando la cabeza, sacudiendo las manos, inclinándose a besar y dibujar en la tierra con los dedos tensos hasta que alcanzó un profundo transe, y aunque en una extraña pose parecía dormido. La espalda le daba a la entrada cóncava de la cueva y un aura amarillenta en ella se formaba por efecto de la luz que atravesaba la delgada cortina de agua. Sintió que su espíritu abandonaba el cuerpo:



Y en el recorrió grandes distancias con la velocidad de un ave rapaz. Bajó al valle Lloroso, atravesó la llanura y llegó tan lejos como quedaba el desierto y sus rojas dunas. No se dio cuenta que la playa barios kilómetros antes había terminado. Así de rápido llegó a mitad del océano y corriendo sobre el agua agitada cruzó una puerta blanca triangular...Resplandor...Muy por encima del vuelo de las aves, descendiendo por una escalera invisible con plantas y palmas, se adentró en una basta cordillera, corriendo diez veces mas de lo que un caballo pudiera soñar. Zigzagueó grutas, picos y glaciares, solo se detuvo al encontrar una montaña diferente a las demás; en ella parecían reposar los cielos y juntarse los puntos cardinales. De su panza rocosa salían los vientos y las nubes cargadas para la tormenta y por la ladera escalaba un canal, de rara etnia su tecnología, como si fuese una escalera o una columna vertebral al mirarla de frente.



En la cueva, el cuerpo del hombre sudaba, tiritaba y se balanceaba más y mas hacia los lados, agregándole así una intensa vibración a su voz cantora:


Notó que al pié de la montaña misma, detrás de él, nacía el cordón montañoso y frente a él y a su derecha, cruzando el ancho canal se abría un llano casi infinito. Observó el vértice de la primer obtusa pieza que formaba la extraña estructura como la huella de azufre adoquinado que dejara una gigantesca serpiente de acero. Una piedra grande marcaba este punto y en ella la corriente se dividía en dos; hacia el llano el agua descendía normalmente y hacia la montaña ascendía con igual cause. Esto lo confundió mucho. En algún momento tomó envión y saltó sobre los impenetrables vapores cruzando con cierta facilidad el que jamás se angostara canal y del otro lado, encandilado por el fuerte brillo del sol, fue recibido por un viejo mas viejo que él, de luminosa piel gris de barro al igual que su mujer que salía de la choza de cuero y caña, limpiando con el lienzo que vestía las manos llenas de trigo molido y leche de cabra (a esto último olía mezclado con miel). El anfitrión con cálido abrazo lo saludó y su esposa solo hizo un gesto con la cabeza entre sonrisas e impronunciables palabras de bienvenida. Los hombres se alejaron codo con codo de la cerca de espinoso matorral y caminaron hasta un barranco donde el fuerte anciano le indicó como llegar al pueblo y allí le pidió un extraño favor. " Necesito que antes de dejar éstas que son mis tierras busque allá en las dunas algo para mí." al que contestó "Pero como podría encontrar algo yo que no conozco este desierto ¿quién me encontraría a mi después? Y para que buscarme a mí que quizás no tenga nunca lo que desea ud que encuentre." Insistió el anciano "No te perderás nunca en mis tierras, pues aquí quien lo hace encuentra al escarabajo rojo y él siempre indica el camino a seguir. Por favor busca el cactus blanco con espinas de ágata." El hombre no alcanzó a contestar que ya estaba caminando por las arenas blancas. De tanto en tanto hallaba una rama seca, un arbusto amarillo o una piedra negra. Caminó por horas con la vista en el suelo uniforme y en un momento de agonía por la desesperada sed que le invadía cayó de bruces rodando por la duna interminable y ahí se quedó llorando con la boca áspera de tierra cuando vio sobre un cactus blanco fluorescente a un escarabajo de cobre que abrió las alas y se largó a volar indicándole el canino a seguir. Se posó sobre las rodillas cansadas tomando alegremente la planta entre sus manos, entonces alzo los ojos y miró el Sol, tan grande, tan rojo, jamás otro vio igual, y de él que salía un brazo gigante que llegó a tocar las nubes derritiendo el cielo entero que como un río de hojas secas caía al suelo, miró a su derecha y otro Sol allí lo encandilaba, uno de luz turquesa que no sabia si se ocultaba o si salía. Muy asustado le dio la espalda para negarlo y ahí también encontró un Sol de fuego como el jade y la luz de éste lo golpeó con tanta fuerza en su corazón confundido que quiso ponerse en pie y correr pero sus piernas le fallaron...¡hay!...donde debería ser el este uno naranja tan grande como los demás lo acechaba...cuantos sentimientos se peleaban por conseguir la autoría de una de las miles de lágrimas que calmaban la tragedia de las arenas multicolores. Alzó la cabeza al cielo y una estrella blanca de él se caía.



Regresó el espíritu a su cuerpo. Con plena devoción se llenó la boca de uno de los cuencos que en el suelo esperaban y se lanzó violentamente contra la pared rocosa, dando a entender su agonía interior. Apoyó las manos donde la piedra desnuda y comenzó a escupir sobre ellas un líquido azul, luego bebió de otro cuenco y escupió negro, finalmente rojo. Tomó otra vasija y se pintó en la frente y el vientre tres líneas amarillas, después mezcló otras tintas, sin dejar sus oraciones, consiguiendo un púrpura que untó por debajo de los ojos, el mentón y el pecho, entonces se levantó rápidamente bailando con gran vigor y saltando entre giros, cantando cada ves más alto. Esta vez tomó del altar dos hojas grandes con las que se sacudía el cuerpo y golpeaba rítmicamente los muros de granito. Así estuvo un largo tiempo antes de sentarse nuevamente, siempre cantando alabanzas e invocaciones, para preparar un pequeño fuego; afuera se oían los primeros truenos que anunciaban la primavera. Apenas consiguió las llamas suficientes quemó un atado de plantas aromáticas que despedían un espeso humo gris violáceo que con las manos se arrojaba a la cara para inhalarlos, luego bebió del jarrón mayor y esto pareció hacerlo más liviano, su imagen brilló, su cuerpo se despegó del suelo y bajó con cierta humildad el volumen de la permanente secuencia de ciento veinte palabras, si es que lo eran.



El hombre desnudo respiraba muy fuerte, ensanchándosele el pecho como aquellas aves cuando cortejan, su espalda estaba completamente erguida aunque su columna parecía querer salírsele en extrañísimos movimientos ondulatorios cuando, por un efecto ilusorio o de trascendental manifestación del poder de la mente se avivaron los tatuajes de cicatrices pintadas que toda la cárcel del espíritu en transe exhibía como circuito en la danza de las Serpientes Emplumadas llamadas por el equinoccio. La cueva entera parecía contestarle a los bramidos del cielo, el mantra aumentaba paulatinamente y el cuerpo entero del sacerdote se ensanchaba peligrosamente, hasta que una fuerte luz salió expulsada de su frente lisa y empapada relampagueando en la oscuridad resonando en la montaña entera.



Afuera, el agua que golpeaba las rocas hechas timbales llamaba ansiosa a la lluvia mientras el sol se ocultaba tras un rojizo nubarrón cuando; un sonido como de corazón causó mucha agitación en el espectro visible, llevando al hombre a descubrir misteriosas piedras de cristal pulido en un hoyo sobre el techo de la bóveda. Él solo las observaba "Joya de todos los tiempos. Estela boreal" pensó "¡Tu túnica establece leyes fijas flotando en distintas corrientes con igual intensidad, llenando las travesías de dificultades para que los poderosos ejércitos suban del mar en barquillos de fuego a realizar experimentos del más alto erotismo sobre las montañas y valles de la luna en épocas de alta excitación psicotrónica! Figura viviente de las más secretas costumbres, así como vientos de sonora porcelana preanuncias el fin de los tiempos." Cayó de espaldas fulminado por el estupor, sintiendo una sed aguda, observando aquella esfera de luz del tamaño de un puño, la cual no podía alcanzar con los brazos extendidos, y en lenguaje desconocido comenzó a repetir lo que ésta le decía con voz de ave o de mujer:




En Orión, al origen de los tiempos, comenzó el proceso de las lenguas. Penetraciones culturales, con intimidad de prejuicios, fundaron colonias en tierras fértiles llamándose a sí mismas "Grupos de transformación volcánica en la foto-heterogénea sílaba infinita". Allí, hombres y mujeres, sin miedo alguno, escribían libros sobre su "Sutil perfección Espiritual". Y la búsqueda de paralelismos -movimiento monotemático- siguió cultivando y "perfeccionando", dentro de las nuevas formas, el mito de la Gran Independencia, de la regeneración de la Tierra en la noche de un tiempo admirador de Sangres Frías.



¡Arte y Alma nunca resultan de las necesidades estéticas! Solo se logra así una modificación pragmática en temas delicados. Todos ellos fueron factores de una situación experimental, del gran cuento del ejemplo urbano, órbita opuesta al renacimiento de la comunicación, constelación de poemas vernáculos que acusa a los demás de actos secretos, de fallas y defectos que habitan en sí misma. Ellos fueron poseídos, náufragos en lo hondo del iris, solo por el control de su dignidad, y por no cubrir el mechón indudable, se descubrieron en el pasillo sin distancias.
¡Idólatras! Son la razón de la persuasión mecánica, del Origen de Perímetros en Cualidades Expresivas. Del desarrollo de tecnología bélica, de potencias a distancias que dieron apertura a un gran eje, el "Estigma Polinizador."



Es época de oro y plata respecto a la enseñanza de ideales liberales que no llevan a la libertad. Hay más y más pueblos levantados por la infección lítica. ¡Más conquistas del ejército de la paz que contagia a los reyes sin gobierno con su entusiasmo, interpretando melodías para viajes de armas, denominando a la cavidad en sus pisadas como "Forma elevada de conseguir la victoria"! Y entre cómplices se divierten nombrando estrategias que justifiquen ataques a "la inmoralidad de esas extrañas y lejanas culturas":



-Plastificación por succión del material procesado.


-Giro de la pieza (aunque el plato de garras opere múltiples conformaciones en la corrosión de su aspecto y más alta energía)


-Unión al espectro por deformación de las actividades cultas.


-Modos apartados de la posición dimensional variable de nuestro sistema de puntos
ilustrados.


¡Un canto a la sátira formación de los siglos!



Directamente, con los términos que empujan al mundo, ellos observan letras fundamentales en los himnos frustrados. Una vez expuestas, sobre la instalación contratada, se las puede potenciar y alimentar. Quizá todo cambiase con largos contactos lumínicos y caloríficos (amor), no se trata de que vectores compensen la angustia y por extraño u original que parezca, no hay ningún plan preestablecido.



¡En su pira renacería la esperanza si la atmósfera toda encontrará acogida allí donde la vida parece concluida!




La función orgánica, mediante enlaces coaxiales; igualados en un plano primordial y en constante equilibrio más el hecho que cumpla una simetría con los giros de composición numérica, tal que resulte ser el contrario de la transmisión de información sobre la Realización y Control del cerebro electrónicamente programado y, si acaso realiza conceptos estructurados, que oponen a la imaginación con el tratamiento general de los símbolos, es porque genera expresiones equiparables a los criterios preestablecidos por una máquina. Alguno de estos objetos, luego de liberar la tensión que sufren durante la propagación de los análisis en el compacto romance con el oro, enorme realidad como posibilidad unitaria, en la memoria conciente y los millones de circuitos del sistema operativo, resultan presentar información codificada en la que viajan datos sobre los signos telepáticos usados por la civilización Atlántida.


¡El eclipse ha llegado! Y en "sus" tierras fértiles, bestias terribles corren tras un orgasmo eterno.
Ni uno solo quedará.





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Salió de la cueva y miró su reflejo en el manantial, analizando su extraña visión y sin pensamiento propio reflexionó:



"Del otro lado no ha ocurrido tal sacrificio. La obra representó la magnitud y cualidad además de los paráclitos distribuidos, concluyendo sus esfuerzos entre el conocimiento y la acción.



En otras palabras, al hombre se le asigna la tarea de conseguir oportunamente sus fines, a través de la experimentación como proceso de condicionamiento y así volver al camino desde la puerta del entendimiento mientras tenga luz en su interior.



Paralelamente y compartiendo el vacío, la fuerza de lo sombrío, en cambio, progresando pero con tristeza, se define inequívocamente de la inocencia. Hasta el último defecto puede engullir verdaderamente a la mañana.



El concepto destructor, lleno de compasión, se manifiesta como lo opuesto."


Así descubrió el pensamiento. Sorpresa para aquel que todo lo entendió alguna vez y jamás lo supo explicar, esas son sus condiciones, tenía la impresión en su exilio de quienes a las dificultades iniciales el abismo no llena. Preso entre sentimientos, buscando aquella imagen de rumbo concluyó:



"Aparte del método, el signo primario, superior sobre la cercana vejez, el niño tiene que aprender a elegir las interdependencias y superposiciones. La vida mental no es más que la función de un aparato.



Aquel que no se apega a los frutos, desea conocer, entre las aves, el conocimiento más puro"


Hablando así exhibió su forma:


"¡Ven influjo, mencionaremos mi inteligencia...!"



Sonó la voz del trueno y el viento trajo consigo la frescura del tilo. Se vieron rayos en el horizonte y un gran calor maternal envolvió al hombre otra ves envejecido: Comenzó a llover:


Se destruye paulatinamente



Cerámica de la personalidad que en leptones fundamento



¡Amplificación de luz cuando determino la ideal emulación!


Partículas sobre burbujas,


superior a un haz de iones.


Caldero que actúa como corazón


¡La más pesada tensión se ha alcanzado!


Y alguien emite calor como los elementos (solo crea y nunca destruye)


¡Hijo del cielo si la luz cuando el trueno pase a través de mí!


En verdad perderé la interacción dentro del ordenamiento tridimensional.




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Así fue como el hombre a sus ochenta y nueve años expiró largamente...como navegó en dorada galera sobre el lomo de un diezmal de elefantes blancos con enormes colmillos de plata, todos ataviados con sedas y piedras preciosas. Así moldeó palacios en las montañas del Este y visitando las majestuosas habitaciones encontró la escalera primordial, la estructura en espiral donde primero recibió a su memoria y retrospectivamente degustó todo nuevamente, hasta la leche de su madre. Luego de incomprensibles visiones infrarrojas y ultrasónicas, se descubrió compuesto de un solo núcleo protegido y sin miembros. Lloró cada regeneración de su cuerpo celular, lloró por cada cabello que creció y cayó, y sobre todas las cosas revivió la hermosa extensión de cuerpo y alma gozada cada vez que unió su cuerpo con el de una mujer...y contó en forma de canto cada palpitación de su corazón y los que de ellas escuchó, cada suspiro dado o recibido, cada sonrisa, cada lágrima, cada eyaculación, su vida entera pasaba fugaz en una lluvia de cien mil estrellas, hasta que por fin se encontró en el escalón de todas las permutaciones, y en él estudió la repetición de los patrones que determinaron su herencia genética. Pudo verse a sí mismo en otros cuerpos, en otras épocas, pasadas o futuras. Subió otro peldaño y contempló el conocimiento evolutivo de las especies todas, y como un tercero vio la implosión espontánea que engulló la luz de su proto-energía orgánica.



Entonces tomó el aspecto del viento y se quedó allí en lo alto mirando a sus tres mujeres y sus diecisiete hijos con los demás parientes y vecinos llorando el cadáver que estaba sentado al pie del inmenso roble como esperando la llegada de otra tormenta. Por pura curiosidad y sin sentimiento alguno se detuvo un instante sobre los dibujos que estaban en el trozo de cuero sobre su mano derecha, sin prestarle mayor atención a la peregrinación. Se le cerraron los ausentes ojos...completamente extasiado, en un vivo impulso, envolvió los montes con su nueva forma y sin intención, como siguiendo la voluntad de otro, se quedó a observar sin pupilas en dirección al valle, la maravillosa y tan simple manera, solo por un "brillo particular", con la que consiguió una detallada clasificación de la abundante vegetación, separando las plantas en especies y en familia de especies y, sin sorprenderse ya, hizo lo mismo con los animales y minerales.


Le pareció a sus mejillas soplar y se desplazó muy fácilmente en la volatilidad de sus pestañas, rebotó en la cordillera llegando a grandes alturas, después descendió lentamente, volviendo al extraño encuentro con esos seres tristes que ahora no podía identificar salvo, con mucho esfuerzo, los de su misma sangre.




Tres largos días estuvo la tribu en ceremonia, ellos habían trasladado el cuerpo envuelto en lanas y pieles a la cima de un cerro colorado junto a una pirámide blanca natural. Todos formaron un gran círculo alrededor de la hoguera, luciendo coronas y collares de flores rojas y blancas mientras que con ramos de arbustos avivaban el fuego, entonando un profundo lamento funerario. Los más ancianos se acercaron a la pira colocando varios cuencos, unos con agua, otros con sangre, frutos y carnes secas mientras que los hijos varones del difunto dejaron sobre él un escudo, su máscara de guerra, flechas, dagas y una lanza junto al báculo sagrado que desde hacía meses no utilizaba. Al colocar este último, las llamas crujieron y crecieron furiosamente.



Sentados en lo alto de la piedra blanca, podían observar los más viejos el regreso de las tormentas en un destellante y quejumbroso cilindro gris que como cortina que oculta el alba prematura...



Él, era el viento y las nubes cargadas, el humo y el cuerpo ardiendo. Y se hizo agua, barro, frutos y sangre con las vasijas que explotaban, se fundió con sus armas y se hizo aceite con la resina de la leña luminosa, también fue hermoso y triste en su marchitar con las flores, pero más fue luz y calor en la fría madrugada y así le pareció que debía ser cuando una pequeña estrella que jugaba entre las llamas, comenzó a crecer vorazmente, primero del tamaño de una mano, luego de una cabeza, de un hombre, de un árbol, de las montañas y ¡sin orejas todo lo oía en la tierra ahora, todo lo masticaba y saboreaba, todo lo olía, sin manos todo lo tocaba, todo lo abrazaba, sin ojos todo lo veía! Y lo que él era entonces; era espíritu que se expandía atrapando la isla entera en su anchura luminosa. Él se hundió bajo el continente y bebió en la profundidad de los océanos a la ves que empujaba las nubes en el cielo ¡hasta la tierra misma encerró en su burbuja de verde jaspe! Él se ensanchaba como el sol mismo y llegó a ser más grande que éste, tanto como el sistema planetario. Pensaba en su goce sin fin, siendo onda en movimiento de tremenda claridad y poder "¡Ah, la música, la música viva, eterna e irrepetible, hermosa y sensual, suave y poderosa! ¡Ah, el susurro de las alas al pasar las aves, el eco del viento en las montañas, los animales recibiendo la luna llena en los bosques húmedos, la conversación de los árboles y el canto de las ballenas en el mar! ¡Ah, ese timbre único, ese ritmo imposible de cada ser vivo y la danza de los astros, la risa de cada estrella viajera! ¡Ah, he entrado en la eterna alabanza!"


Creció eternamente, tanto que juntaba todas las galaxias en sus pequeñas manos invisibles. Ahora estaba vivo, "sumergido infinitamente en el mantra mandala" alguna vez le dijo su mujer favorita, "como una esfera de brillante cristal dentro de un cubo de espejos negros siguiendo cursos indeterminados". Él había comprendido que la corta estancia en el cuerpo humano era como un huevo empollado por los astros y el amor de los otros huevos evolucionando o no en el rico nido del universo, que las galaxias eran las células primeras en la noche del romance entre la espiritualidad y la materia. Ahora sí que conocía la vida. Entonces, para su pesar, entre deliciosas lágrimas de amor infinito sintió en el brazo que no tenía la caricia del seno de su tan distante amada y le pareció que ella besaba sus ojos y que se perfumaba todo su cuerpo con el tan dulce aliento de ella. Tanto deseó tener un cuerpo para amarla "Tus secretos indios, laguna resplandeciente en la ofrenda eterna de mi vida, decían en triste lengua, ahora e ruinas, como alcanzarte luz de tibar" pensó, y cruzando un portal sobre el pico de una montaña, durante un ocaso en un planeta desconocido, regresó su sustancia prima otra vez a la tierra, si es que era la misma.





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Y una partícula que nació alejada a éste centro gravitacional cayó como enamorada, completamente influenciada por las exquisitas contracciones, por la fuerte caricia y la armónica vibración que acompaña esos tremendos suspiros de placer. Se unieron los cuerpos ajenos en un acto del más salvaje canibalismo, bebiendo mutuamente sangre como si ésta fuera el mismo éter. ¡Ah, éste elemento externo que impactó sobre la suave superficie dormida impulsado por ese resonante calor que no quiere terminar hasta quemar el cielo entero! El blanco bombardeo agitó el magma en furiosas olas que resurgían de su interior y se alzaban como montañas líquidas enfriándose en el atlántico trayecto. Y de las mismas atalayas de mármol nacían otras olas de lava encendida que se endurecían casi en el acto, sin interrumpir la secuencia estimulada, así como una semilla que jamás cesa de ramificarse sino hasta alcanzar la altura y profundidad máximas.



Fue así como se alzó la nueva estructura heterogénea de anchura variable, que bailaba como una serpiente luminosa, atravesando el cielo, círculo perfecto, sentada sobre una roca en su interior ¡y su espina eléctrica como la tormenta primigenia!.



¡Solo una chispa hizo falta para inspirar las estrellas!.



Una hermosa mujer se tocó el vientre y con sus pestañas vibrátiles encendió el fuego con el que modeló a su antojo la blanca arcilla donde guardó el espíritu que por sus ojos húmedos llegó. Entonces, del cielo bajó un ángel que con extraña lentitud movió uno de sus siete brazos femeninos y arrancó una pluma real del pavo, con la que escribió talentosamente el destino de su visión:




"Toro que como un río alcanzas tu plenitud.



Arquetipo oculto.


Instrumento de distancias.


Basta extensión de tierra y agua habrá en tus ojos.


Odisea en papel sellado.



Odeón de Odín.



En un tiempo fecundador de flores,


lo que sucederá al viento en la tierra,



guardada la semilla en sus manos,


no te corresponderá ver crecer.


Polos de opuestos cuerpos poderosos, autores en materia sanguinaria,


corromperán a quien se encamina.


Y hasta los acontecimientos desventurados,


en un fin, redundarán en su beneficio.


Solitario como un árbol en el monte se formará


y nadie comprenderá su suerte."



Todas las mujeres de la aldea se reunieron para observar y colaborar con este grandioso momento. Ciento veinticinco eran en total, y un grupo de cuatro, de las más allegadas amigas, cantaban bendiciones y bailaban de inmensa alegría, mientras otras dos sacudían la tierra con ramas de sauce a la vez que dibujaban un enorme círculo de contención sobre la tierra árida. El resto, entre ellas las más viejas y niñas, observaban y alentaban a la bella madre de piel de miel que sufría la dolorosa separación de sus caderas, soltando felices y muy dolorosos alaridos entre la tan agitada respiración y las gruesas gotas de sudor. Solo tres mujeres, expertas parteras, asistían a la tan amada princesa, que de pie, sujetada con los brazos a poleas de lienzo y lana sobre un viejo olivo gris, hacía de sus últimas fuerzas las más grandes.



Nadie puede recordar en qué momento el cielo quedó cubierto de tan espesas nubes, todos lo ignoraban, hasta que se escuchó un poderoso bostezar y el primer gran aguacero cayó para salvar la tierra de la prolongada sequía. En ese momento de doble y justificada alegría una de las parteras gritó "¡Pero mujer, si es un varón!".



La madre ya descansada, anestesiada de amor, empapada, aún en la intemperie y con la criatura en brazos, miró a su alrededor; ahí estaban amigas, hermanas, tías y sirvientas bajo la lluvia torrencial. Exclamó con gran regocijo "¡Hijo del trueno será su nombre!". Todas gritaron de inmensa alegría y aprobación.



Pasadas muchas horas, dentro de las chozas reales, el niño dormía sobre el calor del pecho materno cuando su padre por fin cruzó el umbral y se arrodillo todo mojado a contemplar su familia con cierta incertidumbre enrareciéndole la muy esperada alegría, pues acababa de regresar de una frustrada cacería y los cinco días de expedición habían sido de lo mas deprimente en tiempos tan extraños como lo fueron estas últimas décadas, estando esas malditas dos estrellas cada ves más cerca, casi tan grandes como la luna menor, y el clima y los animales, todos estaban alborotados, llenos de pánico. Los países vecinos que juntaban fuerzas, pues bien sabido era que de uno de los astros salió otro mas pequeño que bajó a la tierra y con lanzas de fuego desintegro aldeas enteras y todo el cultivo y los ganados se perdieron. "La tormenta que venturosamente a llegado no será suficiente ¿qué haremos?" pensaba. Su mujer despertó y sin saludarlo, con mucha seriedad le dijo "He tenido un sueño horrendo" y su hombre le contesto con la misma gravedad "Yo también lo he tenido". Se abrazaron sin más palabras, solo suspiros que todo lo decían junto a algunas muy densas lágrimas, pensando en aquella profecía que en forma de sueño a ambos se les había anunciado. Del futuro de su fruto tan amado hablaba aquella voz tan cerca y distante a la vez:



Caído de la lluvia sobre la ancestral tumba,


en aquellos murallones perdidos, donde ya ni la sangre tiene memoria.


¿Dónde te fuiste tierra negra que tan dorado tu fruto maíz resplandecía?


Sólo un charco simulando ser un lago




que refleja las montañas teñidas de vírgenes muertes


parece resucitar tu grandeza hecha sacrificio.


Mirándote Venus que estás sobre el cenit,


rascándo la llaga en su frente,



tocándose el pecho,




entre los escombros canta lamentos.



Se desnuda la piel el hombre fuerte bajo la helada tormenta




corre como el jaguar en caza de la libertad



libertad que lo seduce,




que lo espera,




que se le escapa de entre las manos.




Quese da vuelta y le susurra sobre los labios




que lo obliga a nadar dentro de sus piernas,




que despierta un alma guerrera que no se deja engullir por los remolinos




ni le teme a las profundidades del mar.


"¡Por fin te tengo entre mis brazos!"




grita el hombre a los dos soles




"mis células que cantan un amor infinito a tu sabiduría me elevan ¡me elevan!"



¿Dónde estás eternidad, tú que reuniste con tus manos morenas las aguas y minerales,




las plantas y animales,




mi tierra y nuestro cielo ?


¿Qué libertad sostienen mis manos si identidad tú dicha no me has guardado?




sólo lágrimas quedaron



¡Qué el volcán devore mi carne viva y mi espíritu dolido y solitario




si no te encuentro verdad en la humillación de quienes mi historia han borrado!



En ese momento en que comenzaban a calmarse las tristezas y renaciera en sus corazones la esperanza, un fuego negro devoró las aldeas vecinas. Todos los árboles fueron arrancados de raíz al igual que los templos y montes sagrados. Solo un cráter quedó; un pozo para siempre estéril de cien estadios de longitud.




Esa horrorosa mañana se escucharon cuernos por encima de la biosfera, entre tanto griterío por el horror. Todas las ciudades debían ser inmediatamente evacuadas a las cuevas subterráneas. El planeta entero estaba en guerra, aunque ya nadie recuerda aquella otra historia y, quienes se atreven a hacerlo y lo dan a conocer, desaparecen misteriosamente.








Estrella



Estrella de la mañana...


cruzaste el mar de un pequeño salto
despidiendo al sol, de puntitas de pie, con un tierno beso.


Tomaste una estrella sobre un dedo y soplaste su luz en bellas estelas que se hizo en el reflejo en tus ojos.


Te aburriste y dibujaste almendras con las nubes sobre la piel de las montañas,
luego te sentaste sobre ellas a esperar el alba con cierta nostalgia.


Esa madrugada me encontraste cruzando el río grande
y viste cómo mi caballo era derribado por una roca arrastrada por la corriente helada y cómo ella me llevaba a la muerte de los olvidados.


Entonces me sacaste con una mano para darme calor contra tu pecho desnudo...


Desperté desbordando tristeza, entonces, muy ágilmente te pusiste en pie y con tus manos recogiste todas las estrellas en el cielo guardándolas dentro del cristal de una de mis lágrimas.

Luego,
del corazón de un olivo tomaste un pergamino del que me leíste la historia de todos los hombres y mujeres y animales del mundo, sólo para complacerme un instante.


La cúpula se aclaraba, donde vi un cóndor volando sobre nosotros al que le pediste sus alas, que me obsequiaste.


¡Volteaste rápidamente al horizonte!...


Donde el sol se asomó reclamándole Blanca Dama inmortal que corrió a su encuentro dejándome solo en la montaña con una infinidad en que pensar.


Entonces probé mis alas y me puse a volar.



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El sol me curtió la piel y la sal del mar
la llenó de brillo.


Alado, marché a mi guerra
y por la traición de un hermano me rodearon mis enemigos al medio día.


Bajo el fuego en el cielo acabé con mas de la mitad de ellos,
entonces perseguí a los cobardes que huían a las montañas y ahí encontré
la mayor de mis desgracias:


Mis hermanos me acorralaron para arrebatarme la espada y la corona con la que di muerte
a los invasores de mi reino.



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Estrella de la tarde...

"Pisaste el sello sobre la altiplanicie abatida por vientos que grandes remolinos levantaban rodeándote como columnas de un templo en algún tiempo glorioso, y del cielo tormentoso cayó un rayo, como a veinte pasos frente a ti, sobre un gigantesco acebo muerto de rocosa y opaca madera negra. Apenas los cilindros de arena parda disimulaban sus revoluciones. A tus pies la mastaba negra se ensanchó dividiéndose en cinco partes concéntricas; un cilindro de luz te devoró.


...El tiempo se detuvo...


Moviste una mano y te hiciste plano, suspiraste y tus propias entrañas te devoraron, sólo quedó tu boca que cayó como el pétalo de una rosa y de ella resurgiste como la vertiente debajo de la roca…¡No, no abras los ojos aún porque sino ya nunca más volverás a unirte!...Ahora sí, déjate invadir de mí ¡que tu espina sea libre!...Ven amor mío a mis brazos, tu reina te lo ordena, ven a beber de mis labios y dejadme llenar los pulmones con tu aliento fresco."


Me encuentro en una plataforma rodeada de suave arena ocre y gris. Mis manos están electrificadas. Miro el cielo sobre las montañas, sola una estrella inmensa reina en el manto índigo y turquesa ¡Por fin salí! Me doy vuelta para mirar hacia el este…


…Ella estuvo todo este tiempo meditando junto al río, desplegando como alas al viento las sedas negras de finos bordados de plata que envuelven su piel espolvoreada en diamantes, mi ilusión perfecta.


La mujer se acerca, un paso y otro más, abre los ojos y una flama azul sale como un rayo paralizando mi cuerpo entero, extasiando profundamente mi alma. Quizá fue aquel un dolor tan grande que se desbordó mi sensibilidad.


...Durmió un tiempo, dos tiempos, tres tiempos la conciencia tranquila...

Dando sacudones, como siguiendo una música mágica estridente así como el canto al desplazarse los astros, desperté otra vez en el suelo, aunque completamente desnudo.


-A tus espaldas, lejos, allá en lo alto brilla una estrella a la que le diste mi nombre-dijo con voz de emperatriz sobre un suave gemido que me retorció la espalda de placer y, completamente desprendida del mundo, se posó en el suelo como una escultura hindú…en sus labios tenía la misma expresión perturbadora que en los ojos... La Blanca Dama Inmortal muy decidida avanzó, tomó mi rostro entre sus manos, jadeó muy suave casi imperceptiblemente y me dio de beber en sus besos su saliva de blanco vino y miel... Inmediatamente se sentó encima mío apretándome la cintura con las piernas, dejando caer la cascada castaña de su cabello sobre mi espalda...muy lentamente, apenas moviéndome, siempre permitiéndole al suave dolor desbordar la estabilidad psíquica; entré con cierta delicadeza sin ocultar mi fuerza. Al fondo, la presión hizo todo más exquisito.


Amo la sal en sus pechos tensos y su piel que repentinamente despide un fuerte olor a nardo y jazmín abarcando toda la atmósfera, transportándome por las infinitas galerías que exhiben las diversas formas de morir.


¡Percibo su flujo, su influjo, el torrente que acelera en sus venas, y su corazón yembé de mi yembé!


Sus pequeños labios magenta se abren húmedos, se muerde la punta de la lengua (actúa las escenas que plasmaran alegría y dolor en mi memoria), sonríe para mí deleite...¡Ah!...Con una mano me tira el pelo que extrañamente me llega a la cintura y con la otra se tapa la cara sin dejar de mirarme entre los dedos. Su cuerpo entero se hincha temblando, sudando. ¡Su columna da latigazos sobre el lomo de corceles feroces que arrastran con sumo poder un carruaje colorido y luminoso que desciende como alud por su vientre vibrante! Suelta un grito agudísimo, casi inaudible que captura la atención de mis orejas que se alargan puntiagudas ¡Y su cuerpo que despide auroras boreales estallando hechas fuego contra mi pecho encendido! Cierro los ojos e invaden mi mente recuerdos activos. Cuanto la extrañaba.


...Expansión...

Pierdo toda noción de individualidad, entonces me muerdo un labio con mucha fuerza (¡sangra manantial!) y beso su boca excitada, congelada, que contrasta con el absoluto físico. Su respiración torna en vendavales devastando mi cuello, mis hombros y luego mi rostro. Nuestras frentes juntas. Ella tomada con ambas manos de mi cabeza. La agitación es incontenible ¡explotan, explotan, explotan sus caderas y la onda expansiva hincha las mías!...¡Como se desborda nuestra piel en magníficos hilos dorados!... ella chorrea mis piernas en su goce hecho sustancia viva... se da un tiempo... toma grandes bocanadas de aire. Ríe con picaresca y falsa inocencia, toma y arrastra lentamente mi cabeza por sus senos que se estremecen.


Todo se ha vuelto efimero como recuerdos indeseados, frío como un glaciar en Pluton. Muerdo su vientre transpirado y me dejo llevar al abrazo de sus piernas. Mi nariz y mi lengua pierden sus dones, sin embargo me tiento y no me resisto; entonces muerdo la suave carne... "¡Ay verdugo mío!" apenas balbuceaba "¡ay qué pronto la extraña sed a despertado!" oí su voz dentro de mi mente "¡ay de ti verdugo mío que a cambio de esto tu alma a los abismos has entregado!". Me corrió de un golpe en la frente y se sentó acariciándose los pechos, la panza y luego la vagina, estirando el cuello a un lado y luego al otro, rozando los hombros con los labios que apenas dibujaban una cruel sonrisa. Me miró con sus ojos grandes que estaban primero plácidos y luego dolidos, hizo una mueca aniñada y me abrazó desesperada, secando sus lágrimas en mis mejillas y continuó "De antes que estáis muerto" con voz ronca, clavó su mirada en mis ojos desnudando mi mente a gusto "¿Acaso tanto me anheláis que me obsequias de tu vino en besos apasionados?". Malicioso y desolado fue el eco de su risa que allá en el valle perduró largamente "¡pero que infantil sois!" y volvió a abrazarme aunque no pude evitar sentirme completamente solo, frío por dentro, ni lágrimas quedaban para mis ojos perdidos…dejé caer la cabeza hacia atrás...y un velo oscuro como la noche cubrió mi rostro... y un sueño horrendo espantó mi vida. Lloré desesperado en la oscuridad. Y desde lo hondo en la soledad, semienterrado en el lodo, al pie del bosque espinoso, en un grito desesperado llamé a lo irreal:

"¡¡Necesito tu luz para dar sombra!!"


-...Cautela...cautela, guárdate de ti, no hagas como yo que me he convertido en muerte, en el destructor de los mundos ¡No permitas que profanen la inocencia en vano!-susurraban las voces guturales que corrían por debajo del lodo. Entonces en lo alto, ella abrió grande los ojos. Y el intenso eco de sus palabras misteriosas me elevó vibrante; la mujer gigante dejó caer una lágrima sobre mis labios que purificó todas las sustancias.

...Reflexión...

Tuve miedo al placer ¡y ella se hizo luz! Apaciguó mi debilidad entre sus brazos y con besos que sentí y no que imaginé, llorando tiernas lágrimas, y con los labios temblorosos me jadeó al oído cerrando sus ojos húmedos:

-Nuestra relación encadenó al amor y lo alimentó con malicia. Si tienes miedo en la edad del origen, la época alejada del romance, deja atrás los elogios, quizá en ya bastantes planos irradió el nacer de nuestros ideales. Olvida todo, todo, sólo entrégate y volvamos así a sentirnos vivos como antaño; cuando ninguno se había inventado mentira alguna, cuando no éramos nada el uno para el otro, salgamos juntos de la encrucijada.


-La luz, la calidez, la sabia protección del presente, condición de magnífico león que sitúa la cabeza en tu seno. – Contesté. - Oh! mujer que alimentaste mis sueños remotos...Esa sensación de vacío que nos aleja del centro turbado de nuestros corazones, ahí, donde nacimos como luz y no como cuerpos...Jamás existió algún amor en la condición perfecta de nuestra imaginación. "¿Te has hecho real, tomaste algún cuerpo similar, quieres decirme que mi vida a concluido, que he vagado en lo incierto, tan ciego fui que ni a la muerte pude reconocer?" Solo lo pensé sin atreverme a pronunciar palabra alguna ante el espejismo de hierro "¡OH! Espectro oscuro con aliento de mujer ¿tan grande fue mi desgracia, tan incierta fue mi lucha, tan mal escogí a mis aliados? Esto es el infierno, ya ni dolor, ni angustia, ni temor, nada es posible en la inexistencia."

...Ausencia...


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Estrella Inmortal...

Yacía su lecho sobre el filo de las rocas junto a un abismo de hielo sobre las pocas plantas que crecen a tanta altura.


La espada atravesaba su pecho de lado a lado y el zafiro en la empuñadura resplandecía aun con gloria.


Bajo la capa bordó; el cuerpo encorvado de quien tarde llegó con la medicina.
Con ambas manos se sujetaba el vientre como amarga roca.


Sudaba sangre, un grito apagado.

Labios temblorosos, cascada de gruesas lágrimas, enrojecida resonente tierra, como tambor de guerra.


Y el polvo que levantan las ardientes gotas estremece los glaciares que amenazan con desintegrarse de tristeza.


Vuelan en círculos aquellos que fueron aliados.


Brindan con sangre los hijos de la herencia, los que edifican en honor del traicionado
y cantan las glorias del héroe.


Por ellos descuartizados, desmantelandos los esfuerzos por ellos jamás cumplidos.


En lo alto, el sol abriga los ojos de la Blanca Dama Mortal.


Seden sus fuerzas.


Aquel que tantas muertes precede y brilla mortalmente en nuestra eternidad es aquel el verdadero Cronos que al fin devorará a sus hijos celestes y a una piedra amarga, sudor de su orgullo, que extinguirá por siempre su luz.


Carta del inmigrante

Buenos Aires, 28 de mayo de 1917



Mi estimado Ferguson:





Ayer no he dejado de pensar en las largas charlas y las intensas borracheras, aquellas largas caminatas nocturnas por el muelle y nuestras habituales visitas a esos caros burdeles ¡Ah! Como extraño a Mina con su rizado cabello rojo cubriéndole los hombros de ámbar...
Realmente pienso en que tienes razón; la independencia latinoamericana del arruinado imperio español, es plenamente superficial, pues esa extraña fascinación que tienen por nuestras costumbres y sofisticaciones. No puedo evitar, al contemplar esto, que una macabra sonrisa patriótica se me dibuje en la palidez de mi rostro que asusta a las mulatas, veo tantos ignorantes desesperados por imitar hasta el modo, por cierto tan elegante, con el que nos sentamos en un bar de la avenida y pedimos un Scotch al cantinero que espera ansioso nuestra europea propina. Pero más gracia me causa verlos a estos salvajes con tanto anhelo de nuestras necesidades espirituales, sin poder evitar la fuerte mancha de paganismo a niveles maquiavélicos de su naturaleza prehistórica.
Por supuesto que hice caso a tus sabios concejos. Ni bien desembarcamos del enorme trasatlántico, me hice humo de la chusma con la que, debido a mis escasos recursos, tuve que compartir el interminable viaje, entonces vestí mis mejores ropas y lucí la gracia de mis modales confundiéndome entre los graves aristócratas de la corona, desgraciadamente notaron mi intromisión, sin embargo no dieron aviso a las autoridades, mas bien me permitieron estar cerca, aunque un tanto apartado, donde mi presencia no les resultara incomoda, por así decirlo. Por fortuna los nativos me han tratado como a un rey. Además he conocido a una bella italiana hija de un cónsul, no demoré en entrar en la lujosa estancia que alquilan haciéndome pasar por un naturista a quien le robaron tanto los libros como el cotoso laboratorio portátil. Sin duda mis dotes de gigoló se han refinado con los años.



Querido camarada y Coronel Shaftesbury, desistir de una guerra siniestra e injusta no fue un acto de cobardía, por favor conteste mis cartas.



¡Vida a la Reina! Quien nunca te olvida:



Thomas Fabricius Ulster

Acercamiento



Hubo un acercamiento importante de la luna a la tierra, y aun Marte la siguió en su descenso hasta que pudo vérselo del tamaño de una cereza. La vista era impresionante.

Aquel invierno la influencia de los astros tenia a todos apesadumbrados, con mucho malestar estomacal. Niños y viejos se quejaban de agudo s dolores de cabeza. Por las noches los lastimeros aullidos de los perros entristecía el sueño de todos. Quienes tenían gatos; la noche del 17 de junio dejaron de verlos. En todos los barrios se empapelaban postes y esquinas con fotos de gatitos perdidos.
Niños con cara larga sobre sus juguetes que ya no les eran útiles. Nadie soportaba la triste atmósfera.
En las noticias se hablaba de vecinos enloquecidos que mataban perros por doquier y de perros que se juntaban a patrullar las calles por las noches, hambrientos, furiosos.
No faltaban los que atacados por las jaurías decían ser hombres lobos. Esto último se tomo para la chacota hasta que en todos los periódicos, en primera plana, se hicieron frecuentes los casos de descuartizamiento y antropofagia; relatos de policías y vecinos horrorizados por el enfrentamiento con hombres-bestias, transformados no de cuerpo sino de espíritu.
Ya nadie salía de las casas. La ola de asaltos y crímenes violentos preocupaba a todos los países del continente; en otras partes del mundo las guerras se declaraban como amantes jugando al bingo.
La depresión y el suicidio se hizo algo mas, como el día que precede a otro y la noche que los separa.
Los psicólogos del mundo pasaron a ser la nueva alta sociedad, hasta que comenzaron a derrumbarse al igual que todos. Las riquezas a pocos importaban.
Por las mañanas los pájaros no cantaban, luego ni volaban y al fin dejaron de alimentarse.
Las jaurías se hacían cada vez mas grandes y hubo que tomar medidas en el asusto; los viejos mandaban y organizaban a los jóvenes en la cacería de canes y licántropos.
También los religiosos aprovecharon la ocasión de enriquecerse, como siempre.
En las escuelas ni un solo niño jugaba en los recreos, apenas si alguna vez reían.
La preocupación de hombres y mujeres disminuía con sus fuerzas. En poco tiempo ni ganas de hacer guerras o de trabajar quedaban, el mundo entero se entregó al abandono.
Para fines de agosto, otra gran oleada de miedo supersticioso entenebreció los corazones. El paso muy próximo de un cometa, seguido de un eclipse solar que para todos, según las memorias, había durado en lugar de pocos minutos, tantas horas como tiene una semana. La oscuridad reinaba en las mentes que desvariaban entre la rara enfermedad y momentos de peligrosa lucidez.
Interesantemente los que mas resistían el profundo hastío, eran quienes dominaban las ciudades: abogados, comerciantes, políticos, jueces y banqueros de todo tipo.
Los estafadores de siempre que aprovechan el desgano general para enriquecerse. Pero ni los que carecen de alma y corazón safaron al fin de la enfermedad del mundo.
En septiembre la gente comenzó a notar que a veces dormía por 5 o 6 días consecutivos, ni hambre sentían. Así también morían por cantidades espantosas.
Los dueños de la televisión y la Internet se bañaban en oro.
Para comienzos de enero ya nadie siquiera intentó despertar. Como osos durmieron 6 o 7 meses…
Fueron los ruidos de la nueva guerra los que despertaron hasta el último de los perezosos.
Esta vez; un gran ejercito formado por hombres de todas las razas y nacionalidades combatía país por país contra los ejércitos autóctonos y en sus pancartas y discursos sostenían con gran convencimiento:
"La tierra está enferma; para curarla hay que devolver el petróleo a sus cavernas, el oro a sus montañas, los diamantes a sus profundidades. Deshabitar las ciudades por completo y hacer pequeños pueblos a lo largo del continente, el uno independiente del otro.
No mas fronteras ni líderes ¡que el que se diga presidente gane lo que el obrero, haber si le alcanza para cumplir sus responsabilidades civiles, y que marche al frente de sus ejércitos! Si se resiste a esto que se quede callado y en su casa sin hacer ni opinar.
Basta de intermediarios entre productores y consumidores, entre justicia y enjuiciado, entre dios y los humanos.
Volvamos a la tierra sin esperar que ningún dios nos salve desde su nave en el cielo. No esperemos mas soluciones milagrosas. Que nadie sienta ni ejerza poder por sobre el espíritu.
Que el que condene sea perfecto y público. Si el que juzga y reparte no es perfecto que no hable ni opine…"
El viejo discurso revolucionario tomó gran significación. Pero tristemente solo fue escuchado cuando ya ni esperanzas quedaban, cuando no había cura ni remedio.
El mundo entero comprendió que para vivir en anarquía debía crecer intelectual, física y espiritualmente, pues donde uno es libre y libre significa ser amo y dueño y completamente responsable de uno mismo y sus actos; allí no existe rey o dios, ni patria ni patrón o juez que determine como al azar la suerte de la vida.
Un pueblo gobernable es un pueblo bruto y pobre de espíritu. La anarquía es ingobernable.
Donde los claros talentos compiten directamente y sin intermediarios, es donde se encuentra el orden natural de las cosas.
Ya nadie temía a la muerte ni al diablo o el infierno, ni al pecado, pues la humanidad despertó al fin en la senda del conocimiento, la manzana germinó y dios fue torturado.