
Hace tanto tiempo que sucedió esto que solo algunas montañas pueden recordarlo claramente, y fue una de ellas quien me contó esta historia en una de mis visitas casuales a uno de esos raros países que hoy se esconden bajo el mar, por allá muy lejos y austral. Y fue así como una voz indescriptible comenzó a susurrarme la leyenda al oído:
Estaba sentado sobre un gran roble, casi inmóvil, con el cejo fruncido y muy alerta, estudiando los movimientos del cuadro elemental. Con la punta quemada de una fina rama, dibujaba sobre un trozo de cuero sin que se interrumpiera su meditación; él descubrió una masa de combinaciones opuestas confundida durante siglos con la imagen de una oleada magnética. Bajó del árbol con félida destreza y caminó serenamente hacia la cueva que estaba detrás de la cascada gris, costeando la poza de aguas termales, como a ochocientos codos al sur. Una vez adentro, con la cabeza gacha, se arrodilló bajo la mirada de los sátiros petropictos. Luego de una prolongada relajación entonó en lengua común para hombres y bestias, aquella que las plantas obedecen, una especie de canto que inmediatamente se transformó en un ritual lleno de alienados movimientos. El hombre de arcillosa piel rojiza estaba meneando la cabeza, sacudiendo las manos, inclinándose a besar y dibujar en la tierra con los dedos tensos hasta que alcanzó un profundo transe, y aunque en una extraña pose parecía dormido. La espalda le daba a la entrada cóncava de la cueva y un aura amarillenta en ella se formaba por efecto de la luz que atravesaba la delgada cortina de agua. Sintió que su espíritu abandonaba el cuerpo:
Y en el recorrió grandes distancias con la velocidad de un ave rapaz. Bajó al valle Lloroso, atravesó la llanura y llegó tan lejos como quedaba el desierto y sus rojas dunas. No se dio cuenta que la playa barios kilómetros antes había terminado. Así de rápido llegó a mitad del océano y corriendo sobre el agua agitada cruzó una puerta blanca triangular...Resplandor...Muy por encima del vuelo de las aves, descendiendo por una escalera invisible con plantas y palmas, se adentró en una basta cordillera, corriendo diez veces mas de lo que un caballo pudiera soñar. Zigzagueó grutas, picos y glaciares, solo se detuvo al encontrar una montaña diferente a las demás; en ella parecían reposar los cielos y juntarse los puntos cardinales. De su panza rocosa salían los vientos y las nubes cargadas para la tormenta y por la ladera escalaba un canal, de rara etnia su tecnología, como si fuese una escalera o una columna vertebral al mirarla de frente.
En la cueva, el cuerpo del hombre sudaba, tiritaba y se balanceaba más y mas hacia los lados, agregándole así una intensa vibración a su voz cantora:
Notó que al pié de la montaña misma, detrás de él, nacía el cordón montañoso y frente a él y a su derecha, cruzando el ancho canal se abría un llano casi infinito. Observó el vértice de la primer obtusa pieza que formaba la extraña estructura como la huella de azufre adoquinado que dejara una gigantesca serpiente de acero. Una piedra grande marcaba este punto y en ella la corriente se dividía en dos; hacia el llano el agua descendía normalmente y hacia la montaña ascendía con igual cause. Esto lo confundió mucho. En algún momento tomó envión y saltó sobre los impenetrables vapores cruzando con cierta facilidad el que jamás se angostara canal y del otro lado, encandilado por el fuerte brillo del sol, fue recibido por un viejo mas viejo que él, de luminosa piel gris de barro al igual que su mujer que salía de la choza de cuero y caña, limpiando con el lienzo que vestía las manos llenas de trigo molido y leche de cabra (a esto último olía mezclado con miel). El anfitrión con cálido abrazo lo saludó y su esposa solo hizo un gesto con la cabeza entre sonrisas e impronunciables palabras de bienvenida. Los hombres se alejaron codo con codo de la cerca de espinoso matorral y caminaron hasta un barranco donde el fuerte anciano le indicó como llegar al pueblo y allí le pidió un extraño favor. " Necesito que antes de dejar éstas que son mis tierras busque allá en las dunas algo para mí." al que contestó "Pero como podría encontrar algo yo que no conozco este desierto ¿quién me encontraría a mi después? Y para que buscarme a mí que quizás no tenga nunca lo que desea ud que encuentre." Insistió el anciano "No te perderás nunca en mis tierras, pues aquí quien lo hace encuentra al escarabajo rojo y él siempre indica el camino a seguir. Por favor busca el cactus blanco con espinas de ágata." El hombre no alcanzó a contestar que ya estaba caminando por las arenas blancas. De tanto en tanto hallaba una rama seca, un arbusto amarillo o una piedra negra. Caminó por horas con la vista en el suelo uniforme y en un momento de agonía por la desesperada sed que le invadía cayó de bruces rodando por la duna interminable y ahí se quedó llorando con la boca áspera de tierra cuando vio sobre un cactus blanco fluorescente a un escarabajo de cobre que abrió las alas y se largó a volar indicándole el canino a seguir. Se posó sobre las rodillas cansadas tomando alegremente la planta entre sus manos, entonces alzo los ojos y miró el Sol, tan grande, tan rojo, jamás otro vio igual, y de él que salía un brazo gigante que llegó a tocar las nubes derritiendo el cielo entero que como un río de hojas secas caía al suelo, miró a su derecha y otro Sol allí lo encandilaba, uno de luz turquesa que no sabia si se ocultaba o si salía. Muy asustado le dio la espalda para negarlo y ahí también encontró un Sol de fuego como el jade y la luz de éste lo golpeó con tanta fuerza en su corazón confundido que quiso ponerse en pie y correr pero sus piernas le fallaron...¡hay!...donde debería ser el este uno naranja tan grande como los demás lo acechaba...cuantos sentimientos se peleaban por conseguir la autoría de una de las miles de lágrimas que calmaban la tragedia de las arenas multicolores. Alzó la cabeza al cielo y una estrella blanca de él se caía.
Regresó el espíritu a su cuerpo. Con plena devoción se llenó la boca de uno de los cuencos que en el suelo esperaban y se lanzó violentamente contra la pared rocosa, dando a entender su agonía interior. Apoyó las manos donde la piedra desnuda y comenzó a escupir sobre ellas un líquido azul, luego bebió de otro cuenco y escupió negro, finalmente rojo. Tomó otra vasija y se pintó en la frente y el vientre tres líneas amarillas, después mezcló otras tintas, sin dejar sus oraciones, consiguiendo un púrpura que untó por debajo de los ojos, el mentón y el pecho, entonces se levantó rápidamente bailando con gran vigor y saltando entre giros, cantando cada ves más alto. Esta vez tomó del altar dos hojas grandes con las que se sacudía el cuerpo y golpeaba rítmicamente los muros de granito. Así estuvo un largo tiempo antes de sentarse nuevamente, siempre cantando alabanzas e invocaciones, para preparar un pequeño fuego; afuera se oían los primeros truenos que anunciaban la primavera. Apenas consiguió las llamas suficientes quemó un atado de plantas aromáticas que despedían un espeso humo gris violáceo que con las manos se arrojaba a la cara para inhalarlos, luego bebió del jarrón mayor y esto pareció hacerlo más liviano, su imagen brilló, su cuerpo se despegó del suelo y bajó con cierta humildad el volumen de la permanente secuencia de ciento veinte palabras, si es que lo eran.
El hombre desnudo respiraba muy fuerte, ensanchándosele el pecho como aquellas aves cuando cortejan, su espalda estaba completamente erguida aunque su columna parecía querer salírsele en extrañísimos movimientos ondulatorios cuando, por un efecto ilusorio o de trascendental manifestación del poder de la mente se avivaron los tatuajes de cicatrices pintadas que toda la cárcel del espíritu en transe exhibía como circuito en la danza de las Serpientes Emplumadas llamadas por el equinoccio. La cueva entera parecía contestarle a los bramidos del cielo, el mantra aumentaba paulatinamente y el cuerpo entero del sacerdote se ensanchaba peligrosamente, hasta que una fuerte luz salió expulsada de su frente lisa y empapada relampagueando en la oscuridad resonando en la montaña entera.
Afuera, el agua que golpeaba las rocas hechas timbales llamaba ansiosa a la lluvia mientras el sol se ocultaba tras un rojizo nubarrón cuando; un sonido como de corazón causó mucha agitación en el espectro visible, llevando al hombre a descubrir misteriosas piedras de cristal pulido en un hoyo sobre el techo de la bóveda. Él solo las observaba "Joya de todos los tiempos. Estela boreal" pensó "¡Tu túnica establece leyes fijas flotando en distintas corrientes con igual intensidad, llenando las travesías de dificultades para que los poderosos ejércitos suban del mar en barquillos de fuego a realizar experimentos del más alto erotismo sobre las montañas y valles de la luna en épocas de alta excitación psicotrónica! Figura viviente de las más secretas costumbres, así como vientos de sonora porcelana preanuncias el fin de los tiempos." Cayó de espaldas fulminado por el estupor, sintiendo una sed aguda, observando aquella esfera de luz del tamaño de un puño, la cual no podía alcanzar con los brazos extendidos, y en lenguaje desconocido comenzó a repetir lo que ésta le decía con voz de ave o de mujer:
En Orión, al origen de los tiempos, comenzó el proceso de las lenguas. Penetraciones culturales, con intimidad de prejuicios, fundaron colonias en tierras fértiles llamándose a sí mismas "Grupos de transformación volcánica en la foto-heterogénea sílaba infinita". Allí, hombres y mujeres, sin miedo alguno, escribían libros sobre su "Sutil perfección Espiritual". Y la búsqueda de paralelismos -movimiento monotemático- siguió cultivando y "perfeccionando", dentro de las nuevas formas, el mito de la Gran Independencia, de la regeneración de la Tierra en la noche de un tiempo admirador de Sangres Frías.
¡Arte y Alma nunca resultan de las necesidades estéticas! Solo se logra así una modificación pragmática en temas delicados. Todos ellos fueron factores de una situación experimental, del gran cuento del ejemplo urbano, órbita opuesta al renacimiento de la comunicación, constelación de poemas vernáculos que acusa a los demás de actos secretos, de fallas y defectos que habitan en sí misma. Ellos fueron poseídos, náufragos en lo hondo del iris, solo por el control de su dignidad, y por no cubrir el mechón indudable, se descubrieron en el pasillo sin distancias.
¡Idólatras! Son la razón de la persuasión mecánica, del Origen de Perímetros en Cualidades Expresivas. Del desarrollo de tecnología bélica, de potencias a distancias que dieron apertura a un gran eje, el "Estigma Polinizador."
Es época de oro y plata respecto a la enseñanza de ideales liberales que no llevan a la libertad. Hay más y más pueblos levantados por la infección lítica. ¡Más conquistas del ejército de la paz que contagia a los reyes sin gobierno con su entusiasmo, interpretando melodías para viajes de armas, denominando a la cavidad en sus pisadas como "Forma elevada de conseguir la victoria"! Y entre cómplices se divierten nombrando estrategias que justifiquen ataques a "la inmoralidad de esas extrañas y lejanas culturas":
-Plastificación por succión del material procesado.
-Giro de la pieza (aunque el plato de garras opere múltiples conformaciones en la corrosión de su aspecto y más alta energía)
-Unión al espectro por deformación de las actividades cultas.
-Modos apartados de la posición dimensional variable de nuestro sistema de puntos
ilustrados.
¡Un canto a la sátira formación de los siglos!
Directamente, con los términos que empujan al mundo, ellos observan letras fundamentales en los himnos frustrados. Una vez expuestas, sobre la instalación contratada, se las puede potenciar y alimentar. Quizá todo cambiase con largos contactos lumínicos y caloríficos (amor), no se trata de que vectores compensen la angustia y por extraño u original que parezca, no hay ningún plan preestablecido.
¡En su pira renacería la esperanza si la atmósfera toda encontrará acogida allí donde la vida parece concluida!
La función orgánica, mediante enlaces coaxiales; igualados en un plano primordial y en constante equilibrio más el hecho que cumpla una simetría con los giros de composición numérica, tal que resulte ser el contrario de la transmisión de información sobre la Realización y Control del cerebro electrónicamente programado y, si acaso realiza conceptos estructurados, que oponen a la imaginación con el tratamiento general de los símbolos, es porque genera expresiones equiparables a los criterios preestablecidos por una máquina. Alguno de estos objetos, luego de liberar la tensión que sufren durante la propagación de los análisis en el compacto romance con el oro, enorme realidad como posibilidad unitaria, en la memoria conciente y los millones de circuitos del sistema operativo, resultan presentar información codificada en la que viajan datos sobre los signos telepáticos usados por la civilización Atlántida.
¡El eclipse ha llegado! Y en "sus" tierras fértiles, bestias terribles corren tras un orgasmo eterno.
Ni uno solo quedará.
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Salió de la cueva y miró su reflejo en el manantial, analizando su extraña visión y sin pensamiento propio reflexionó:
"Del otro lado no ha ocurrido tal sacrificio. La obra representó la magnitud y cualidad además de los paráclitos distribuidos, concluyendo sus esfuerzos entre el conocimiento y la acción.
En otras palabras, al hombre se le asigna la tarea de conseguir oportunamente sus fines, a través de la experimentación como proceso de condicionamiento y así volver al camino desde la puerta del entendimiento mientras tenga luz en su interior.
Paralelamente y compartiendo el vacío, la fuerza de lo sombrío, en cambio, progresando pero con tristeza, se define inequívocamente de la inocencia. Hasta el último defecto puede engullir verdaderamente a la mañana.
El concepto destructor, lleno de compasión, se manifiesta como lo opuesto."
Así descubrió el pensamiento. Sorpresa para aquel que todo lo entendió alguna vez y jamás lo supo explicar, esas son sus condiciones, tenía la impresión en su exilio de quienes a las dificultades iniciales el abismo no llena. Preso entre sentimientos, buscando aquella imagen de rumbo concluyó:
"Aparte del método, el signo primario, superior sobre la cercana vejez, el niño tiene que aprender a elegir las interdependencias y superposiciones. La vida mental no es más que la función de un aparato.
Aquel que no se apega a los frutos, desea conocer, entre las aves, el conocimiento más puro"
Hablando así exhibió su forma:
"¡Ven influjo, mencionaremos mi inteligencia...!"
Sonó la voz del trueno y el viento trajo consigo la frescura del tilo. Se vieron rayos en el horizonte y un gran calor maternal envolvió al hombre otra ves envejecido: Comenzó a llover:
Se destruye paulatinamente
Cerámica de la personalidad que en leptones fundamento
¡Amplificación de luz cuando determino la ideal emulación!
Partículas sobre burbujas,
superior a un haz de iones.
Caldero que actúa como corazón
¡La más pesada tensión se ha alcanzado!
Y alguien emite calor como los elementos (solo crea y nunca destruye)
¡Hijo del cielo si la luz cuando el trueno pase a través de mí!
En verdad perderé la interacción dentro del ordenamiento tridimensional.
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Así fue como el hombre a sus ochenta y nueve años expiró largamente...como navegó en dorada galera sobre el lomo de un diezmal de elefantes blancos con enormes colmillos de plata, todos ataviados con sedas y piedras preciosas. Así moldeó palacios en las montañas del Este y visitando las majestuosas habitaciones encontró la escalera primordial, la estructura en espiral donde primero recibió a su memoria y retrospectivamente degustó todo nuevamente, hasta la leche de su madre. Luego de incomprensibles visiones infrarrojas y ultrasónicas, se descubrió compuesto de un solo núcleo protegido y sin miembros. Lloró cada regeneración de su cuerpo celular, lloró por cada cabello que creció y cayó, y sobre todas las cosas revivió la hermosa extensión de cuerpo y alma gozada cada vez que unió su cuerpo con el de una mujer...y contó en forma de canto cada palpitación de su corazón y los que de ellas escuchó, cada suspiro dado o recibido, cada sonrisa, cada lágrima, cada eyaculación, su vida entera pasaba fugaz en una lluvia de cien mil estrellas, hasta que por fin se encontró en el escalón de todas las permutaciones, y en él estudió la repetición de los patrones que determinaron su herencia genética. Pudo verse a sí mismo en otros cuerpos, en otras épocas, pasadas o futuras. Subió otro peldaño y contempló el conocimiento evolutivo de las especies todas, y como un tercero vio la implosión espontánea que engulló la luz de su proto-energía orgánica.
Entonces tomó el aspecto del viento y se quedó allí en lo alto mirando a sus tres mujeres y sus diecisiete hijos con los demás parientes y vecinos llorando el cadáver que estaba sentado al pie del inmenso roble como esperando la llegada de otra tormenta. Por pura curiosidad y sin sentimiento alguno se detuvo un instante sobre los dibujos que estaban en el trozo de cuero sobre su mano derecha, sin prestarle mayor atención a la peregrinación. Se le cerraron los ausentes ojos...completamente extasiado, en un vivo impulso, envolvió los montes con su nueva forma y sin intención, como siguiendo la voluntad de otro, se quedó a observar sin pupilas en dirección al valle, la maravillosa y tan simple manera, solo por un "brillo particular", con la que consiguió una detallada clasificación de la abundante vegetación, separando las plantas en especies y en familia de especies y, sin sorprenderse ya, hizo lo mismo con los animales y minerales.
Le pareció a sus mejillas soplar y se desplazó muy fácilmente en la volatilidad de sus pestañas, rebotó en la cordillera llegando a grandes alturas, después descendió lentamente, volviendo al extraño encuentro con esos seres tristes que ahora no podía identificar salvo, con mucho esfuerzo, los de su misma sangre.
Tres largos días estuvo la tribu en ceremonia, ellos habían trasladado el cuerpo envuelto en lanas y pieles a la cima de un cerro colorado junto a una pirámide blanca natural. Todos formaron un gran círculo alrededor de la hoguera, luciendo coronas y collares de flores rojas y blancas mientras que con ramos de arbustos avivaban el fuego, entonando un profundo lamento funerario. Los más ancianos se acercaron a la pira colocando varios cuencos, unos con agua, otros con sangre, frutos y carnes secas mientras que los hijos varones del difunto dejaron sobre él un escudo, su máscara de guerra, flechas, dagas y una lanza junto al báculo sagrado que desde hacía meses no utilizaba. Al colocar este último, las llamas crujieron y crecieron furiosamente.
Sentados en lo alto de la piedra blanca, podían observar los más viejos el regreso de las tormentas en un destellante y quejumbroso cilindro gris que como cortina que oculta el alba prematura...
Él, era el viento y las nubes cargadas, el humo y el cuerpo ardiendo. Y se hizo agua, barro, frutos y sangre con las vasijas que explotaban, se fundió con sus armas y se hizo aceite con la resina de la leña luminosa, también fue hermoso y triste en su marchitar con las flores, pero más fue luz y calor en la fría madrugada y así le pareció que debía ser cuando una pequeña estrella que jugaba entre las llamas, comenzó a crecer vorazmente, primero del tamaño de una mano, luego de una cabeza, de un hombre, de un árbol, de las montañas y ¡sin orejas todo lo oía en la tierra ahora, todo lo masticaba y saboreaba, todo lo olía, sin manos todo lo tocaba, todo lo abrazaba, sin ojos todo lo veía! Y lo que él era entonces; era espíritu que se expandía atrapando la isla entera en su anchura luminosa. Él se hundió bajo el continente y bebió en la profundidad de los océanos a la ves que empujaba las nubes en el cielo ¡hasta la tierra misma encerró en su burbuja de verde jaspe! Él se ensanchaba como el sol mismo y llegó a ser más grande que éste, tanto como el sistema planetario. Pensaba en su goce sin fin, siendo onda en movimiento de tremenda claridad y poder "¡Ah, la música, la música viva, eterna e irrepetible, hermosa y sensual, suave y poderosa! ¡Ah, el susurro de las alas al pasar las aves, el eco del viento en las montañas, los animales recibiendo la luna llena en los bosques húmedos, la conversación de los árboles y el canto de las ballenas en el mar! ¡Ah, ese timbre único, ese ritmo imposible de cada ser vivo y la danza de los astros, la risa de cada estrella viajera! ¡Ah, he entrado en la eterna alabanza!"
Creció eternamente, tanto que juntaba todas las galaxias en sus pequeñas manos invisibles. Ahora estaba vivo, "sumergido infinitamente en el mantra mandala" alguna vez le dijo su mujer favorita, "como una esfera de brillante cristal dentro de un cubo de espejos negros siguiendo cursos indeterminados". Él había comprendido que la corta estancia en el cuerpo humano era como un huevo empollado por los astros y el amor de los otros huevos evolucionando o no en el rico nido del universo, que las galaxias eran las células primeras en la noche del romance entre la espiritualidad y la materia. Ahora sí que conocía la vida. Entonces, para su pesar, entre deliciosas lágrimas de amor infinito sintió en el brazo que no tenía la caricia del seno de su tan distante amada y le pareció que ella besaba sus ojos y que se perfumaba todo su cuerpo con el tan dulce aliento de ella. Tanto deseó tener un cuerpo para amarla "Tus secretos indios, laguna resplandeciente en la ofrenda eterna de mi vida, decían en triste lengua, ahora e ruinas, como alcanzarte luz de tibar" pensó, y cruzando un portal sobre el pico de una montaña, durante un ocaso en un planeta desconocido, regresó su sustancia prima otra vez a la tierra, si es que era la misma.
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Y una partícula que nació alejada a éste centro gravitacional cayó como enamorada, completamente influenciada por las exquisitas contracciones, por la fuerte caricia y la armónica vibración que acompaña esos tremendos suspiros de placer. Se unieron los cuerpos ajenos en un acto del más salvaje canibalismo, bebiendo mutuamente sangre como si ésta fuera el mismo éter. ¡Ah, éste elemento externo que impactó sobre la suave superficie dormida impulsado por ese resonante calor que no quiere terminar hasta quemar el cielo entero! El blanco bombardeo agitó el magma en furiosas olas que resurgían de su interior y se alzaban como montañas líquidas enfriándose en el atlántico trayecto. Y de las mismas atalayas de mármol nacían otras olas de lava encendida que se endurecían casi en el acto, sin interrumpir la secuencia estimulada, así como una semilla que jamás cesa de ramificarse sino hasta alcanzar la altura y profundidad máximas.
Fue así como se alzó la nueva estructura heterogénea de anchura variable, que bailaba como una serpiente luminosa, atravesando el cielo, círculo perfecto, sentada sobre una roca en su interior ¡y su espina eléctrica como la tormenta primigenia!.
¡Solo una chispa hizo falta para inspirar las estrellas!.
Una hermosa mujer se tocó el vientre y con sus pestañas vibrátiles encendió el fuego con el que modeló a su antojo la blanca arcilla donde guardó el espíritu que por sus ojos húmedos llegó. Entonces, del cielo bajó un ángel que con extraña lentitud movió uno de sus siete brazos femeninos y arrancó una pluma real del pavo, con la que escribió talentosamente el destino de su visión:
"Toro que como un río alcanzas tu plenitud.
Arquetipo oculto.
Instrumento de distancias.
Basta extensión de tierra y agua habrá en tus ojos.
Odisea en papel sellado.
Odeón de Odín.
En un tiempo fecundador de flores,
lo que sucederá al viento en la tierra,
guardada la semilla en sus manos,
no te corresponderá ver crecer.
Polos de opuestos cuerpos poderosos, autores en materia sanguinaria,
corromperán a quien se encamina.
Y hasta los acontecimientos desventurados,
en un fin, redundarán en su beneficio.
Solitario como un árbol en el monte se formará
y nadie comprenderá su suerte."
Todas las mujeres de la aldea se reunieron para observar y colaborar con este grandioso momento. Ciento veinticinco eran en total, y un grupo de cuatro, de las más allegadas amigas, cantaban bendiciones y bailaban de inmensa alegría, mientras otras dos sacudían la tierra con ramas de sauce a la vez que dibujaban un enorme círculo de contención sobre la tierra árida. El resto, entre ellas las más viejas y niñas, observaban y alentaban a la bella madre de piel de miel que sufría la dolorosa separación de sus caderas, soltando felices y muy dolorosos alaridos entre la tan agitada respiración y las gruesas gotas de sudor. Solo tres mujeres, expertas parteras, asistían a la tan amada princesa, que de pie, sujetada con los brazos a poleas de lienzo y lana sobre un viejo olivo gris, hacía de sus últimas fuerzas las más grandes.
Nadie puede recordar en qué momento el cielo quedó cubierto de tan espesas nubes, todos lo ignoraban, hasta que se escuchó un poderoso bostezar y el primer gran aguacero cayó para salvar la tierra de la prolongada sequía. En ese momento de doble y justificada alegría una de las parteras gritó "¡Pero mujer, si es un varón!".
La madre ya descansada, anestesiada de amor, empapada, aún en la intemperie y con la criatura en brazos, miró a su alrededor; ahí estaban amigas, hermanas, tías y sirvientas bajo la lluvia torrencial. Exclamó con gran regocijo "¡Hijo del trueno será su nombre!". Todas gritaron de inmensa alegría y aprobación.
Pasadas muchas horas, dentro de las chozas reales, el niño dormía sobre el calor del pecho materno cuando su padre por fin cruzó el umbral y se arrodillo todo mojado a contemplar su familia con cierta incertidumbre enrareciéndole la muy esperada alegría, pues acababa de regresar de una frustrada cacería y los cinco días de expedición habían sido de lo mas deprimente en tiempos tan extraños como lo fueron estas últimas décadas, estando esas malditas dos estrellas cada ves más cerca, casi tan grandes como la luna menor, y el clima y los animales, todos estaban alborotados, llenos de pánico. Los países vecinos que juntaban fuerzas, pues bien sabido era que de uno de los astros salió otro mas pequeño que bajó a la tierra y con lanzas de fuego desintegro aldeas enteras y todo el cultivo y los ganados se perdieron. "La tormenta que venturosamente a llegado no será suficiente ¿qué haremos?" pensaba. Su mujer despertó y sin saludarlo, con mucha seriedad le dijo "He tenido un sueño horrendo" y su hombre le contesto con la misma gravedad "Yo también lo he tenido". Se abrazaron sin más palabras, solo suspiros que todo lo decían junto a algunas muy densas lágrimas, pensando en aquella profecía que en forma de sueño a ambos se les había anunciado. Del futuro de su fruto tan amado hablaba aquella voz tan cerca y distante a la vez:
Caído de la lluvia sobre la ancestral tumba,
en aquellos murallones perdidos, donde ya ni la sangre tiene memoria.
¿Dónde te fuiste tierra negra que tan dorado tu fruto maíz resplandecía?
Sólo un charco simulando ser un lago
que refleja las montañas teñidas de vírgenes muertes
parece resucitar tu grandeza hecha sacrificio.
Mirándote Venus que estás sobre el cenit,
rascándo la llaga en su frente,
tocándose el pecho,
entre los escombros canta lamentos.
Se desnuda la piel el hombre fuerte bajo la helada tormenta
corre como el jaguar en caza de la libertad
libertad que lo seduce,
que lo espera,
que se le escapa de entre las manos.
Quese da vuelta y le susurra sobre los labios
que lo obliga a nadar dentro de sus piernas,
que despierta un alma guerrera que no se deja engullir por los remolinos
ni le teme a las profundidades del mar.
"¡Por fin te tengo entre mis brazos!"
grita el hombre a los dos soles
"mis células que cantan un amor infinito a tu sabiduría me elevan ¡me elevan!"
¿Dónde estás eternidad, tú que reuniste con tus manos morenas las aguas y minerales,
las plantas y animales,
mi tierra y nuestro cielo ?
¿Qué libertad sostienen mis manos si identidad tú dicha no me has guardado?
sólo lágrimas quedaron
¡Qué el volcán devore mi carne viva y mi espíritu dolido y solitario
si no te encuentro verdad en la humillación de quienes mi historia han borrado!
En ese momento en que comenzaban a calmarse las tristezas y renaciera en sus corazones la esperanza, un fuego negro devoró las aldeas vecinas. Todos los árboles fueron arrancados de raíz al igual que los templos y montes sagrados. Solo un cráter quedó; un pozo para siempre estéril de cien estadios de longitud.
Esa horrorosa mañana se escucharon cuernos por encima de la biosfera, entre tanto griterío por el horror. Todas las ciudades debían ser inmediatamente evacuadas a las cuevas subterráneas. El planeta entero estaba en guerra, aunque ya nadie recuerda aquella otra historia y, quienes se atreven a hacerlo y lo dan a conocer, desaparecen misteriosamente.