jueves, 22 de mayo de 2008

Estrella



Estrella de la mañana...


cruzaste el mar de un pequeño salto
despidiendo al sol, de puntitas de pie, con un tierno beso.


Tomaste una estrella sobre un dedo y soplaste su luz en bellas estelas que se hizo en el reflejo en tus ojos.


Te aburriste y dibujaste almendras con las nubes sobre la piel de las montañas,
luego te sentaste sobre ellas a esperar el alba con cierta nostalgia.


Esa madrugada me encontraste cruzando el río grande
y viste cómo mi caballo era derribado por una roca arrastrada por la corriente helada y cómo ella me llevaba a la muerte de los olvidados.


Entonces me sacaste con una mano para darme calor contra tu pecho desnudo...


Desperté desbordando tristeza, entonces, muy ágilmente te pusiste en pie y con tus manos recogiste todas las estrellas en el cielo guardándolas dentro del cristal de una de mis lágrimas.

Luego,
del corazón de un olivo tomaste un pergamino del que me leíste la historia de todos los hombres y mujeres y animales del mundo, sólo para complacerme un instante.


La cúpula se aclaraba, donde vi un cóndor volando sobre nosotros al que le pediste sus alas, que me obsequiaste.


¡Volteaste rápidamente al horizonte!...


Donde el sol se asomó reclamándole Blanca Dama inmortal que corrió a su encuentro dejándome solo en la montaña con una infinidad en que pensar.


Entonces probé mis alas y me puse a volar.



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El sol me curtió la piel y la sal del mar
la llenó de brillo.


Alado, marché a mi guerra
y por la traición de un hermano me rodearon mis enemigos al medio día.


Bajo el fuego en el cielo acabé con mas de la mitad de ellos,
entonces perseguí a los cobardes que huían a las montañas y ahí encontré
la mayor de mis desgracias:


Mis hermanos me acorralaron para arrebatarme la espada y la corona con la que di muerte
a los invasores de mi reino.



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Estrella de la tarde...

"Pisaste el sello sobre la altiplanicie abatida por vientos que grandes remolinos levantaban rodeándote como columnas de un templo en algún tiempo glorioso, y del cielo tormentoso cayó un rayo, como a veinte pasos frente a ti, sobre un gigantesco acebo muerto de rocosa y opaca madera negra. Apenas los cilindros de arena parda disimulaban sus revoluciones. A tus pies la mastaba negra se ensanchó dividiéndose en cinco partes concéntricas; un cilindro de luz te devoró.


...El tiempo se detuvo...


Moviste una mano y te hiciste plano, suspiraste y tus propias entrañas te devoraron, sólo quedó tu boca que cayó como el pétalo de una rosa y de ella resurgiste como la vertiente debajo de la roca…¡No, no abras los ojos aún porque sino ya nunca más volverás a unirte!...Ahora sí, déjate invadir de mí ¡que tu espina sea libre!...Ven amor mío a mis brazos, tu reina te lo ordena, ven a beber de mis labios y dejadme llenar los pulmones con tu aliento fresco."


Me encuentro en una plataforma rodeada de suave arena ocre y gris. Mis manos están electrificadas. Miro el cielo sobre las montañas, sola una estrella inmensa reina en el manto índigo y turquesa ¡Por fin salí! Me doy vuelta para mirar hacia el este…


…Ella estuvo todo este tiempo meditando junto al río, desplegando como alas al viento las sedas negras de finos bordados de plata que envuelven su piel espolvoreada en diamantes, mi ilusión perfecta.


La mujer se acerca, un paso y otro más, abre los ojos y una flama azul sale como un rayo paralizando mi cuerpo entero, extasiando profundamente mi alma. Quizá fue aquel un dolor tan grande que se desbordó mi sensibilidad.


...Durmió un tiempo, dos tiempos, tres tiempos la conciencia tranquila...

Dando sacudones, como siguiendo una música mágica estridente así como el canto al desplazarse los astros, desperté otra vez en el suelo, aunque completamente desnudo.


-A tus espaldas, lejos, allá en lo alto brilla una estrella a la que le diste mi nombre-dijo con voz de emperatriz sobre un suave gemido que me retorció la espalda de placer y, completamente desprendida del mundo, se posó en el suelo como una escultura hindú…en sus labios tenía la misma expresión perturbadora que en los ojos... La Blanca Dama Inmortal muy decidida avanzó, tomó mi rostro entre sus manos, jadeó muy suave casi imperceptiblemente y me dio de beber en sus besos su saliva de blanco vino y miel... Inmediatamente se sentó encima mío apretándome la cintura con las piernas, dejando caer la cascada castaña de su cabello sobre mi espalda...muy lentamente, apenas moviéndome, siempre permitiéndole al suave dolor desbordar la estabilidad psíquica; entré con cierta delicadeza sin ocultar mi fuerza. Al fondo, la presión hizo todo más exquisito.


Amo la sal en sus pechos tensos y su piel que repentinamente despide un fuerte olor a nardo y jazmín abarcando toda la atmósfera, transportándome por las infinitas galerías que exhiben las diversas formas de morir.


¡Percibo su flujo, su influjo, el torrente que acelera en sus venas, y su corazón yembé de mi yembé!


Sus pequeños labios magenta se abren húmedos, se muerde la punta de la lengua (actúa las escenas que plasmaran alegría y dolor en mi memoria), sonríe para mí deleite...¡Ah!...Con una mano me tira el pelo que extrañamente me llega a la cintura y con la otra se tapa la cara sin dejar de mirarme entre los dedos. Su cuerpo entero se hincha temblando, sudando. ¡Su columna da latigazos sobre el lomo de corceles feroces que arrastran con sumo poder un carruaje colorido y luminoso que desciende como alud por su vientre vibrante! Suelta un grito agudísimo, casi inaudible que captura la atención de mis orejas que se alargan puntiagudas ¡Y su cuerpo que despide auroras boreales estallando hechas fuego contra mi pecho encendido! Cierro los ojos e invaden mi mente recuerdos activos. Cuanto la extrañaba.


...Expansión...

Pierdo toda noción de individualidad, entonces me muerdo un labio con mucha fuerza (¡sangra manantial!) y beso su boca excitada, congelada, que contrasta con el absoluto físico. Su respiración torna en vendavales devastando mi cuello, mis hombros y luego mi rostro. Nuestras frentes juntas. Ella tomada con ambas manos de mi cabeza. La agitación es incontenible ¡explotan, explotan, explotan sus caderas y la onda expansiva hincha las mías!...¡Como se desborda nuestra piel en magníficos hilos dorados!... ella chorrea mis piernas en su goce hecho sustancia viva... se da un tiempo... toma grandes bocanadas de aire. Ríe con picaresca y falsa inocencia, toma y arrastra lentamente mi cabeza por sus senos que se estremecen.


Todo se ha vuelto efimero como recuerdos indeseados, frío como un glaciar en Pluton. Muerdo su vientre transpirado y me dejo llevar al abrazo de sus piernas. Mi nariz y mi lengua pierden sus dones, sin embargo me tiento y no me resisto; entonces muerdo la suave carne... "¡Ay verdugo mío!" apenas balbuceaba "¡ay qué pronto la extraña sed a despertado!" oí su voz dentro de mi mente "¡ay de ti verdugo mío que a cambio de esto tu alma a los abismos has entregado!". Me corrió de un golpe en la frente y se sentó acariciándose los pechos, la panza y luego la vagina, estirando el cuello a un lado y luego al otro, rozando los hombros con los labios que apenas dibujaban una cruel sonrisa. Me miró con sus ojos grandes que estaban primero plácidos y luego dolidos, hizo una mueca aniñada y me abrazó desesperada, secando sus lágrimas en mis mejillas y continuó "De antes que estáis muerto" con voz ronca, clavó su mirada en mis ojos desnudando mi mente a gusto "¿Acaso tanto me anheláis que me obsequias de tu vino en besos apasionados?". Malicioso y desolado fue el eco de su risa que allá en el valle perduró largamente "¡pero que infantil sois!" y volvió a abrazarme aunque no pude evitar sentirme completamente solo, frío por dentro, ni lágrimas quedaban para mis ojos perdidos…dejé caer la cabeza hacia atrás...y un velo oscuro como la noche cubrió mi rostro... y un sueño horrendo espantó mi vida. Lloré desesperado en la oscuridad. Y desde lo hondo en la soledad, semienterrado en el lodo, al pie del bosque espinoso, en un grito desesperado llamé a lo irreal:

"¡¡Necesito tu luz para dar sombra!!"


-...Cautela...cautela, guárdate de ti, no hagas como yo que me he convertido en muerte, en el destructor de los mundos ¡No permitas que profanen la inocencia en vano!-susurraban las voces guturales que corrían por debajo del lodo. Entonces en lo alto, ella abrió grande los ojos. Y el intenso eco de sus palabras misteriosas me elevó vibrante; la mujer gigante dejó caer una lágrima sobre mis labios que purificó todas las sustancias.

...Reflexión...

Tuve miedo al placer ¡y ella se hizo luz! Apaciguó mi debilidad entre sus brazos y con besos que sentí y no que imaginé, llorando tiernas lágrimas, y con los labios temblorosos me jadeó al oído cerrando sus ojos húmedos:

-Nuestra relación encadenó al amor y lo alimentó con malicia. Si tienes miedo en la edad del origen, la época alejada del romance, deja atrás los elogios, quizá en ya bastantes planos irradió el nacer de nuestros ideales. Olvida todo, todo, sólo entrégate y volvamos así a sentirnos vivos como antaño; cuando ninguno se había inventado mentira alguna, cuando no éramos nada el uno para el otro, salgamos juntos de la encrucijada.


-La luz, la calidez, la sabia protección del presente, condición de magnífico león que sitúa la cabeza en tu seno. – Contesté. - Oh! mujer que alimentaste mis sueños remotos...Esa sensación de vacío que nos aleja del centro turbado de nuestros corazones, ahí, donde nacimos como luz y no como cuerpos...Jamás existió algún amor en la condición perfecta de nuestra imaginación. "¿Te has hecho real, tomaste algún cuerpo similar, quieres decirme que mi vida a concluido, que he vagado en lo incierto, tan ciego fui que ni a la muerte pude reconocer?" Solo lo pensé sin atreverme a pronunciar palabra alguna ante el espejismo de hierro "¡OH! Espectro oscuro con aliento de mujer ¿tan grande fue mi desgracia, tan incierta fue mi lucha, tan mal escogí a mis aliados? Esto es el infierno, ya ni dolor, ni angustia, ni temor, nada es posible en la inexistencia."

...Ausencia...


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Estrella Inmortal...

Yacía su lecho sobre el filo de las rocas junto a un abismo de hielo sobre las pocas plantas que crecen a tanta altura.


La espada atravesaba su pecho de lado a lado y el zafiro en la empuñadura resplandecía aun con gloria.


Bajo la capa bordó; el cuerpo encorvado de quien tarde llegó con la medicina.
Con ambas manos se sujetaba el vientre como amarga roca.


Sudaba sangre, un grito apagado.

Labios temblorosos, cascada de gruesas lágrimas, enrojecida resonente tierra, como tambor de guerra.


Y el polvo que levantan las ardientes gotas estremece los glaciares que amenazan con desintegrarse de tristeza.


Vuelan en círculos aquellos que fueron aliados.


Brindan con sangre los hijos de la herencia, los que edifican en honor del traicionado
y cantan las glorias del héroe.


Por ellos descuartizados, desmantelandos los esfuerzos por ellos jamás cumplidos.


En lo alto, el sol abriga los ojos de la Blanca Dama Mortal.


Seden sus fuerzas.


Aquel que tantas muertes precede y brilla mortalmente en nuestra eternidad es aquel el verdadero Cronos que al fin devorará a sus hijos celestes y a una piedra amarga, sudor de su orgullo, que extinguirá por siempre su luz.


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