
Recuerdo cuando Martha menstruaba. Toda la casa se impregnaba de un olor a flores podridas. Y ella siempre se exitaba con sus charcos negruscos y pegajosos como petroleo caliente y cobrizo.
En estos días, invitaba a sus hijos a tocarla y cogerla. En esas didacticas tardes ella gustaba simular que dormía y un montón de ángeles la violaban. Tan flaca era que parecía un viejo cadaver, su olor genital así lo afirmaba. Esas semanas no solo quienes vivíamos con Martha sino todos cuantos entraban a la casa cargaban con el olor del celo de ella. Nadie podía escapar a sus grotescos y certeros encantos sexuales. La gente era adicta a la miseria genital de Martha. Apenas si podíamos vivir sin la cuota diaria.
Una vez Andrez, el lechero, coitó en serio estado de ebriedad; y los edores amorosos no tardaron en revolverle la panza y vomitó justo entre las piernas de ella. Dicen que se atoró con un grueso y pegajoso pelo. El acontecimiento a Martha le encantó; el calor y la acidez en su estirado y arrugado y morado clítoris, le hizo mover por primera vez el gran ojo dientudo que escondía en su peluda y enmarañada nuca. Ese día para celebrar comieron grasa y yeso y bebieron alquitrán con pintura enmohesida.
A todos les creció durante la noche una burbuja ardiente y rancia en el paladar. Comenzaron a morir uno por uno; estallándole la garganta espumosa entre retorcijones psicóticos o parálisis tipo catatónicas. A Mika le salieron tres granos bajo las axilas que al fin gangrenaron y para salvarse optó por comer piedras y cal. Sus dolores intestinales eran aún peor que la falta de espíritu.
La noche sin luna, la única noche en que Martha dormía, decidieron los cinco hermanos sobrevivientes comersela viva. Gozaron con los chillidos agónicos de su miserable madre.
La mañana siguiente tenían una indigesíón que casi les arrastró con su descuartizada y pronto olvidada mamushka.
La mañana siguiente tenían una indigesíón que casi les arrastró con su descuartizada y pronto olvidada mamushka.
Mika, despues de unas semanas descubrió que no era mujer como le enseñaron sus padres, sino varon. Decidió irse a vivir a las montañas.
Caminó seis días sin descanzo. Los pies le ardían y la pus empeoraba todo. Perros cimarrones siguieron su rastro de huellas sangrientas y aderezadas. Mika continuó su dieta de rocas de azufre y trozos de alquitrán con revanadas de cemento y nueces verdes y aceitosas.
Caminó seis días sin descanzo. Los pies le ardían y la pus empeoraba todo. Perros cimarrones siguieron su rastro de huellas sangrientas y aderezadas. Mika continuó su dieta de rocas de azufre y trozos de alquitrán con revanadas de cemento y nueces verdes y aceitosas.
Los agujeros en su boca enegresida, las encias puntiagudas, deshilachadas, desgarradas, despedían un olor como a cien muertos.
Con la luz del sol comensaron a brotarle hongos blancos y supo que su cuerpo se paralizaría del todo si no encontraba alguna cura. Puas delgadas como de durísima seda de arañas lo transformaban día a día en una rara polilla. Pelos de medio metro, estáticos como estalactítas blancas enmohesidas crecían sin parar. Desesperado se arrancaba trozos de piel y carne en su afan de limpiar su enorme cuerpo. Lloraba de dolor y angustia y su lamento era el de un demonio imperdonable. Comenzó a moverse como quien sufre de epilepsia. Quienes veían a la bestia de lejos se desmallaban del horror; la cabeza le giraba a Mika casi despegandosele de los hombros,y las violentas mano; gigantes que destrozaban piedras y cerros. Sus rugidos hicieron creer aún a los curas que el diablo realmente existía. Para las lejanas aldeas que oían al demonio día y nohe lamentarse con furia morvosa, el único remedio era cazarlo, pues ya había aprendido a alimentarse de chivos y pumas; se comía la cabeza y los intestinos, a veces el corazón y la espina.
La nueva alimentación contrarió la enfermedad del hongo y el bestirse con las sangrientas pieles le alivió en parte tanto ardor de sus llagas.
Despertó de una siesta Mika recordando los abusos carnales de su padre y pensando en los frágiles cuerpecitos de sus hermanitas en las garras de éste gigante obseno tuvo una erección que le arrebetó el espíritu de tristeza; necesitaba conocer hembra que no fueran de su coagulada sangre. La imágen de las violaciones y su instinto lo enrredaron en un llanto silencioso,lleno de un rencor a dios y gritó al sol "¡Juro que te decapitaré Jehova!". Vomitó un lago de lágrimas sangrientas y se arrojó al vacio.
Su cabeza se partió y perdió un cuarto de masa encefálica. Tambien se rompió la mayoría de las costillas y un brazo en almenos tres partes. Cayó sobre afiladas rocas desde una altura de cincuenta metros pero esto no fue suficiente para matarlo.
Durmió un día entero y se arrastró a la orilla del río con la intención de que se lo llevara la corriente. Él no sabia nadar.
Tres días despues las aguas crecieron y llebaron el tronco podrido de Mika. Este despertó masturbandosé con el olor de una vieja yegua en celo. Tan exquisito era este olor, jamás antes conoció otro igual y con increíble euforia saltó entre los matorrales y en su cacería aplastó rocas de granito del tamaño de un elefante.Tomó a la yegua por las ancas y a èsta se le aflojaron las piernas.
Con la luz del sol comensaron a brotarle hongos blancos y supo que su cuerpo se paralizaría del todo si no encontraba alguna cura. Puas delgadas como de durísima seda de arañas lo transformaban día a día en una rara polilla. Pelos de medio metro, estáticos como estalactítas blancas enmohesidas crecían sin parar. Desesperado se arrancaba trozos de piel y carne en su afan de limpiar su enorme cuerpo. Lloraba de dolor y angustia y su lamento era el de un demonio imperdonable. Comenzó a moverse como quien sufre de epilepsia. Quienes veían a la bestia de lejos se desmallaban del horror; la cabeza le giraba a Mika casi despegandosele de los hombros,y las violentas mano; gigantes que destrozaban piedras y cerros. Sus rugidos hicieron creer aún a los curas que el diablo realmente existía. Para las lejanas aldeas que oían al demonio día y nohe lamentarse con furia morvosa, el único remedio era cazarlo, pues ya había aprendido a alimentarse de chivos y pumas; se comía la cabeza y los intestinos, a veces el corazón y la espina.
La nueva alimentación contrarió la enfermedad del hongo y el bestirse con las sangrientas pieles le alivió en parte tanto ardor de sus llagas.
Despertó de una siesta Mika recordando los abusos carnales de su padre y pensando en los frágiles cuerpecitos de sus hermanitas en las garras de éste gigante obseno tuvo una erección que le arrebetó el espíritu de tristeza; necesitaba conocer hembra que no fueran de su coagulada sangre. La imágen de las violaciones y su instinto lo enrredaron en un llanto silencioso,lleno de un rencor a dios y gritó al sol "¡Juro que te decapitaré Jehova!". Vomitó un lago de lágrimas sangrientas y se arrojó al vacio.
Su cabeza se partió y perdió un cuarto de masa encefálica. Tambien se rompió la mayoría de las costillas y un brazo en almenos tres partes. Cayó sobre afiladas rocas desde una altura de cincuenta metros pero esto no fue suficiente para matarlo.
Durmió un día entero y se arrastró a la orilla del río con la intención de que se lo llevara la corriente. Él no sabia nadar.
Tres días despues las aguas crecieron y llebaron el tronco podrido de Mika. Este despertó masturbandosé con el olor de una vieja yegua en celo. Tan exquisito era este olor, jamás antes conoció otro igual y con increíble euforia saltó entre los matorrales y en su cacería aplastó rocas de granito del tamaño de un elefante.Tomó a la yegua por las ancas y a èsta se le aflojaron las piernas.
El doloroso relincho colmó la pasiencia de los campesinos.
Luego de tres horas de un despliegue descomunal de furza viril, una llubia de valas terminó con Mika.
Luego de tres horas de un despliegue descomunal de furza viril, una llubia de valas terminó con Mika.
La yegua enfermó y casi murió en reiteradas ocasiones, solo lo hizo el día en que parió dos hermosas gemelas rubias, siamesas, unidas por una larga trenza en el pelo enmarañado, fino y de agradable olor. Nadie tuvo el valor de matar a tan bellas niñas que ni bien nacieron eran capaz de caminar y de alimentarse como niños de tres años.
Crecieron rapidamente y jamás las sepraron, nadie pudo cortarles el pelo. Gustaban de bañarse en el río y trepar árboles, de comer toda clase de frutas y cazar conejos a los que no podían dejar de comerlos crudos. La imagen de estas formadas adolescentes, siempre semi desnudas (ya que odiaban las ropas y la lengua de los humanos), despertaba una perversión en todos los habitantes de la comarca. No había varon o mujer que no fantaseara con ellas y ellas a todos rechazaban.
Fue el viejo cura que atrayendolas con conejos frescos,aun latiendo sus corazoncitos, tivia la sangre, les tendió una trampa y las violó reiteradas veces a lo largo de un mes. Al pueblo les decía que era importante aislarlas para poder evangelizarlas. Las gemelas si bien carnosas y sensuales, solo tenian trece años.
Una tarde en que el viejo sacerdote caminaba junto con el alcalde y el juez, sus complices, descubrió a las niñas apareandose alegremente con dos sementales. Se horrorizaron con la alegría de éstas y ordenaron el pronto cumplimiento de la ley.
Fueron incinerradas, ambas llenas de semen y el olor de los caballos impregnados en los cuerpos ardientes despertó la violencia carnal de las mujeres: mataron a todos los varones y solo se podía realizar el coito con caballos o perros, hubo quien practicó con toros y quedó fecunda.
Crecieron rapidamente y jamás las sepraron, nadie pudo cortarles el pelo. Gustaban de bañarse en el río y trepar árboles, de comer toda clase de frutas y cazar conejos a los que no podían dejar de comerlos crudos. La imagen de estas formadas adolescentes, siempre semi desnudas (ya que odiaban las ropas y la lengua de los humanos), despertaba una perversión en todos los habitantes de la comarca. No había varon o mujer que no fantaseara con ellas y ellas a todos rechazaban.
Fue el viejo cura que atrayendolas con conejos frescos,aun latiendo sus corazoncitos, tivia la sangre, les tendió una trampa y las violó reiteradas veces a lo largo de un mes. Al pueblo les decía que era importante aislarlas para poder evangelizarlas. Las gemelas si bien carnosas y sensuales, solo tenian trece años.
Una tarde en que el viejo sacerdote caminaba junto con el alcalde y el juez, sus complices, descubrió a las niñas apareandose alegremente con dos sementales. Se horrorizaron con la alegría de éstas y ordenaron el pronto cumplimiento de la ley.
Fueron incinerradas, ambas llenas de semen y el olor de los caballos impregnados en los cuerpos ardientes despertó la violencia carnal de las mujeres: mataron a todos los varones y solo se podía realizar el coito con caballos o perros, hubo quien practicó con toros y quedó fecunda.

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