viernes, 3 de octubre de 2008

Quema nardos.



Intensa, verde. Absoluta destreza para lograr las interminables vueltas de prolongadas llamas ¡Quien bien quema nardos…!

Vivos los árboles, celestes las cúpulas rayadas de luciérnagas lombrices de tierra fértil, y el olor de rosa y ámbar oculto en el orín naranja de gatos en celo.

Preferís la vista de los caballos en coito, y el bufo de la yegua rasgada te infla el pecho de inquieto calor; el olor a sudor equino, a semen que desborda.

Relinchan de risas las hembras que en mi lectura mueven las aletitas de sus narices voladoras…inhalan cortito y profundo, apenas enderezando la espalda…alivianan el cuello a la vez que contraen un músculo cercano a la altura de mis dedos que…Ahora los párpados a media luz. Diez pelos perfumados electrifican el cuello, piel de coco y almendras. Los pechos calientes. Entra aire por la boca y cincuenta y cinco partículas de sus lenguas calculan el filo de sus incisivos. Calcio en el aliento, en la garganta tibia, en el vientre indio encendido.

Salivan las carretillas dulces...Solo, son, palabras.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Gnossiennes No 1

Una espiral en mi cuerpo. Una tormenta eléctrica en mi cabeza. Una tristeza aguda como los sueños ajenos cuando aprisionan nuestra imaginación. Estúpido por los carteles, intoxicado de elecciones correctas, mi instinto va en contra de la mitad del mundo.

Llega una mano con olor de paz. Se inquieta el espíritu con la proximidad de sus ojos. La intimidad interior, la piedra que amarga en mi estómago, levita, pierde el peso mortal. Se desvanece el agujero negro que como un péndulo atado a un hueso astillado en mi cerebro anunciaba la locura y la muerte.

En palabras angustiadas por mi incomprensión relata sus sueños que son míos; los vivo; y el viento de mi espíritu es liberado como las lágrimas de mi corazón.

Mas tarde las angustias terrenas y el pasado como capa mojada, muy atada a la garganta, descalibran la seguridad de los sentimientos. Brota pus encapsulado por años en duras cicatrices hinchadas, secas, ásperas, duras, vivas como filo de espectros.

Su emoción repentina, infantil, me asusta. El sentimiento artístico de sus lágrimas saladas, tibias y rosadas. No tiembla mi pecho sino mi conciencia.

Como un psicótico de lo más cuerdo, insensible, escuche sus palabras pero en verdad solo preste atención a sus ojos: tiene el brillo blanco de la salud, de la pronta y feliz maternidad, un tono y medio mas bajo que el de la indiferencia manipuladora. En ese punto de luz, idéntico al reflejo de mi iris, es cuando nuestra piel es una y se huele la torre de leche y miel.

Las revoluciones irracionales pierden gravedad y la suavidad del viento interior modifica el pulso muscular. Se intuye la llegada de un nuevo hogar, y el trabajo de alcanzarlo mejor no pensarlo sino lograrlo. Por ella, por mí que ya somos tres.

El magenta salmón de sus labios suaviza mis necesidades. Las manos sobre la cabeza, el pecho bajo sus pestañas. Las alas crecen lenta y débilmente pero con la precisión quirúrgica que se requiere para edificar la vida que uno debe a su deseo, desea a su deber.

Los miembros mutilados son felices de ser lagartijas.

Blanca, ámbar, leche, miel, rosas blancas llueven con lluvia sobre vestidos de jazmines. Una grandeza sinfónica en los pasos sobre el agua. Montañas nevadas, el sol pestañando entre nubes rosas y grises. La sangre exige la fuerza de los ancestros para la revolución…en el cielo el viaje hacia el mar…todo está por ser.